. . Año V

   
Esta Semana
Crítica
Por Gerard A. Cassadó
El Custodio
Dirección y guión: Rodrigo Moreno.
Países: Argentina, Alemania y Francia.
Año: 2005.
Duración: 93 min.
Género: Drama.
Interpretación: Julio Chávez (Rubén), Osmar Núñez (Ministro), Elvira Onetto (Delia), Marcelo D'Andrea (Lamas), Vanesa Weinberg, Cristina Villamor, Luciana Lifschitz, Julieta Vallina, Osvaldo Djeredjián (Alfredo), Guadalupe Ocampo.
Producción: Hernán Musaluppi, Natacha Cervi y Luis Sartor.
Música: Juan Federico Jusid.
Fotografía: Bárbara Álvarez.
Montaje: Nicolás Goldbart.
Dirección artística: Gonzalo Delgado.
Vestuario: Adelaida Rodríguez Puig
Estreno en España: 14 de diciembre de 2007 .

El hombre invisible
Uno de los vicios más evidentes del cine actual es el establecimiento de un pacto tácito entre la pantalla y el espectador en que la primera ofrece entretenimiento ligero pidiendo a cambio al segundo que deje de pensar durante dos horas, que se crea absolutamente todo lo que le cuentan y se plantee las mínimas preguntas posibles. Hollywood es el promotor de esta formula que en cierto modo ha frenado la evolución intelectual de un arte que parecía seguir otras sendas con el establecimiento (y relativo éxito) de unas vanguardias que hoy por hoy no son más que objeto de estudio universitario y material de coleccionista para cineastas ingenuos. En el extrarradio del glamour se sitúan otros cines que lejos de abordar a la mayoría buscan la auto-expresión de sus inquietudes a través de la pantalla. En dicha periferia situamos al novel Rodrigo Moreno que con “El Custodio”, su ópera prima en solitario, ha logrado multitud de premios. Uno de los más resonantes y curiosos es el Galardón Alfred Bauer, obtenido en la penúltima Berlinale, y que premia a la producción más innovadora del certamen. Lo más curioso no es que el film haya sido galardonado, sino que le hayan reconocido una originalidad de la que carece. “El Custodio” no innova el arte fílmico, sino que recupera formulaciones olvidadas (la referencia a Bresson parece obvia) o estéticas difíciles de hallar en los escaparates de un Blockbuster (de Kitano a Kim Ki-Duk o Wong Kar-Way, por ejemplo). Sin embargo la obra de referencia de “El Custodio” es “Whisky” una pequeña obra de arte uruguaya, premiada en la edición de los Goya de 2005, y de la que “El Custodio” adopta, ya no tan solo un mismo modo de expresión, sino parte del equipo técnico (desde el departamento de producción hasta la directora de fotografía).

Rodrigo Moreno nos presenta las vivencias de un custodio (lo que en España sería un escolta político). Julio Chávez, impecable en su interpretación, encarna a Rubén, encargado de velar por la seguridad del Ministro de Planeamiento argentino, un hombre gris contra el que nadie quiere atentar. Ahí radica el origen del film: durante más de hora y media observamos como es el oficio de una persona que se cree como nadie un rol falso e inútil. Rubén, y junto a él el espectador, es víctima de la sociedad del pánico y se halla esclavizado en un trabajo que le convierte en una sombra invisible, en el actor presencial de una vida que no es la suya y que sin embargo contempla de cerca las 24 horas del día. Esta invisibilidad se hace evidente a lo largo de todo el film: Rubén es vejado constantemente y de manera sutil e involuntaria por todo el que le rodea, y por el propio director, que no muestra ni un ápice de compasión por su protagonista, adentrándonos en un relato cruel y desesperanzador. El custodio ni siquiera es capaz de despertar la empatía del espectador, que no entiende el conformismo del personaje ante la tristeza de su vida y frente a la ceguera moral que le relaciona con su oficio. Por ello el final, a modo de redención insólita, puede resultar inverosímil y falso. Sin embargo, para quien escribe, dicho desenlace supone un merecido descanso interior para un personaje maltratado a lo largo de toda la trama.

El Custodio” es una de aquellas obras lentas, en las que apenas sucede nada, algo que la enfrenta de manera frontal a las expectativas que puede hacerse el espectador ante el tema que anuncia su sinopsis. Esta carencia de acción se compensa con un trato respetuoso hacia el público, al que Rodrigo Moreno considera lo suficientemente inteligente como para disfrutar y entender el film. Tiene la capacidad de desquiciar al más templado ante la falta de reacción del protagonista y pese a lo sombrío de su trama, mantiene el interés gracias a esa sensación constante de que algo gordo va a suceder. [Reportaje sobre el preestreno en la sección “Reportajes”]

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