| Sufriendo
de codo de tenista, perdón, de “penista”
Si hay algo de lo que Irina Palm no
carece es sin duda de ese fino y sutil humor británico,
que nos hace sacar la sonrisa, aunque sólo sea media, en
este caso. La nueva película de Sam Garbarski
tiene muchos aciertos, como la mezcla casi perfecta de humor y
drama o la gran originalidad de la historia que se cuenta, pero
por desgracia también posee algunos defectos que lastran
el film y acaban dejando una sensación de que falta algo.
Irina Palm es la historia de una abuela coraje. Maggie,
una viuda que, ante la enfermedad de su nieto, al borde la muerte,
y la imposibilidad de pagar el tratamiento, tiene que recurrir
al oficio más viejo del mundo para poder pagar los costes
médicos. En este caso Maggie, interpretada magistralmente
por Marianne Faithfull, se convierte en Irina
Palm, la mejor “meneadora”
de todo el soho de Londres.
Pese a que la dirección es muy correcta, evitando caer
en sensiblerías fáciles, o en el extremo contrario,
es decir, en la comedia fácil (que ambas cosas se podrían
haber hecho), y mezcla ambas caras de la misma moneda combinando
las escenas con el toque adecuado, peca de falta de ritmo, de
unos personajes secundarios mal trazados, a excepción del
gran Miki, con algunas secuencias innecesarias
que pretenden dar un trasfondo social (cotilleo de las vecinas,
sentimiento de culpa de Maggie) que alargan la cinta más
de la debido y lastran el resultado final.
Sin embargo, hay que destacar de nuevo a la pequeña y
regordeta Marianne Faithfull, que consigue meterse en la piel
de su personaje y nos transmite todo lo que Maggie siente, con
esa mirada triste y esos movimientos comedidos y serenos, a pesar
de las situaciones por las que pasa, la gran música de
Ghinzu y la sutileza con la que se trata un tema
tan delicado como la enfermedad de un niño, y de cómo
el amor puede llevarnos a hacer cualquier cosa, evitando lo fácil
y arriesgando en la propuesta.
En resumen, Irina Palm es una película digna y simpática
que, aunque peca de irregular en el ritmo, deja un buen sabor
de boca y una sonrisa en la cara cuando termina. Realmente merece
la pena pasar por el cine y pasear un rato por el soho londinense
de la mano (nunca mejor de dicho) de una entregada Maggie, en
busca del dinero que devuelva la vida a su nieto. |