| Wes
Anderson y la nouveau cuisine
Viaje a Darjeeling es uno de esos films
que difícilmente dejan indiferente a nadie. Sus ultra-personales
marcas de autor lo convierten en un largometraje que sublima o
se aborrece con la misma facilidad, dependiendo de quién
esté sentado ante la pantalla. Cabe advertir antes de proseguir,
que quien escribe se halla en el primer grupo de espectadores.
No obstante, hay que recomendar al lector que, antes de comprar
un billete para este Viaje a Darjeeling,
indague en la filmografía de su director, uno de los auteurs
más personales de la industria norteamericana.
En esta investigación, se recomienda fervientemente
el visionado de Life Aquatic, precedente obra
de Anderson y sin duda su film más redondo.
Para mayor facilidad se informa que la cinta se encontrará
en la sección de “Comedias”
de cualquier video-club, pese a la indefinición de género
del film. Y es que la expectativa es la gran antagonista de la
obra de Anderson. Quien espere morir de carcajadas o desee un
visionado ligero, deberá elegir a otro tipo de cineasta:
Anderson solo es cómplice del espectador flexible y sin
reservas, aquel que se sienta en la butaca de negociaciones abierto
a cualquier oferta.
Anderson es uno de esos cocineros vanguardistas que antepone el
estilo al contenido. Viaje a Darjeeling domina mucho metraje aparentemente
vacío, que sin embargo cautiva gracias a un pulso insobornable
y a una enorme honestidad. Estos minutos pausados, ausentes de
grandes acontecimientos, no son más que semillas que siembran
la explosión de pasiones que tarde a temprano acaban floreciendo,
Si en Life Aquatic Anderson nos humedecía los ojos cuando
un pescador descubría a la presa que llevaba tiempo persiguiendo
(!!!), ahora nos emociona con el viaje de reencuentro de tres
hermanos deshermanados durante un año tras la muerte del
progenitor. Como telón de fondo y gran protagonista, la
India, país sensible a excursiones espirituales y convenciones
emotivas.
El trabajo actoral es uno de los condimentos
indispensables en la cocina de Anderson. En Viaje a Darjeeling,
junto al habitual Owen Wilson hallamos a
Jason Schwartzman, quien ya había trabajado con
el director en Academia Rushmore, y a Adrien Brody. El chico de
Schweppes y novio de la Pataki es quien se lleva
el gato al agua redescubriéndose como un excelente comediante.
Sin este tridente interpretativo, Viaje a Darjeeling no funcionaría
como lo que es: una obra maestra tan abstrusa como honrada.
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