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Austera,
real y necesaria
La película ganadora de la Palma de Oro del Festival de
Cannes y de los premios a mejor película y mejor director
por parte de la Academia de Cine Europeo es una cinta de sentimientos,
de emociones, de sufrimiento. La nostalgia, la pena y la incertidumbre
se dan la mano en una desasosegante película donde la sombra
de la catástrofe no deja de planear durante un solo instante
sobre sus protagonistas. Indefensas, asustadas, sufridoras. El
durísimo retrato de un aborto ilegal pega en la cara del
espectador, le incita a pensar, le atrapa. La historia se narra
desde la cercanía, desde la complicidad, como si usted
también formara parte de la historia. En ningún
momento distante o fría, la cámara de Mungiu
arriesga y se moja en cada plano, en cada secuencia. La dureza
de la situación se refleja en la pantalla de una forma
poco usual en el cine actual.
Y el comunismo como telón de fondo. Y la crítica
social como telón de fondo. Y todo engarzado de manera
tan acertada como poco pretenciosa, lo que da un nuevo valor al
film. Hace que se destaque como cine inteligente capaz de criticar
una sociedad, de reflejarla y analizarla, a través de una
situación concreta, y convertirlo en cine social de primer
nivel. La película es ácida, es crítica,
es dura, es incómoda, pero por encima de todo, es real.
Y en su manera de reflejar la realidad es donde reside su grandeza. |