. . Año VI

   
Esta Semana
Crítica
Por Alejandro Molina Bravo
Monstruoso (Cloverfield)
Dirección: Matt Reeves
Países: USA
Año: 2008
Duración: 85 min.
Género: acción, ciencia- ficción, thriller.
Interpretación: Lizzy Caplan (Marleena), Jessica Lucas (Lily), T. J. Miller (Hud), Michael Stahl-David (Rob), Mike Vogel (Jason), Odette Yustman (Beth).
Guión: Drew Goddard
Producción: J.J Abrams y Brian Burk
Fotografía: Michael Bonvillain
Montaje: KevinStitt.

Cuando Godzilla encontró a Bin Laden
El cine ha sido desde su invención uno de los instrumentos de los que se ha valido una sociedad para exorcizar sus demonios. El subgénero de “película con mostruo” es reflejo claro de ello y tiene su más ilustre exponente en Godzilla, sobre el mostruo producto de los bombardeos atómicos, rodada diez años después de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Monstruoso (cuyo título original, Cloverfield, es la calle en la que vive su productor J.J.Abrams, el mismo que produce Perdidos) se suma a la lista como medio de expresión del trauma sufrido por Estados Unidos tras el 11-S.

La película desarrolla un mecanismo narrativo ya antiguo en la literatura: “el manuscrito encontrado”. En este caso se trata de una cinta de vídeo casero encontrada entre los restos de lo que fue Manhattan. En ella se intercalan las imágenes íntimas de una pareja de jóvenes con la grabación de la fiesta de despedida del chico (Michael Stahl-David), que se marcha a trabajar a Japón (¡fíjate qué coincidencia!), y que es interrumpida por la aparición de un monstruo gigantesco que genera el caos y la destrucción a su paso. Se nos muestran entonces unas espectaculares imágenes de una decapitada Estatua de la Libertad y del hundimiento del edificio Chrysler, de inquietante parecido con las que difundían los noticieros ese trágico día de septiembre.

La idea de transformar a la cámara en el principal personaje ya ha sido empleada con éxito en la reciente [Rec], pero en Monstruoso la sensación de verismo es mayor, pues quien la maneja no es un camarógrafo como en la española, sino el propio actor T.J. Millar, dotando a las imágenes de la subjetividad de un videoaficionados, para cual se arriesga a ser más mareante y agotadora que Paul Greengrass. A ese realismo contribuyen unos actores desconocidos, meras comparsas del despliegue de efectos especiales que, por una vez, no son huecos, sino necesarios para crear el clima de psicosis provocado por ese monstruo tan inesperado e invencible como Al-Qaeda.

Pero no se trata de una película política ni mucho menos, a pesar de encerrar esta lectura subyacente. Es un entretenimiento típico “hollywoodiense” que busca la acción aun a costa de incongruencias argumentales. Se ve con agrado, pero no cumple las expectativas de diversión y espectacularidad que había creado su excepcional y comentada campaña de “marketing viral”, por distintos foros de internet. Los fans de este tipo de películas saldrán defraudados y añorando a Godzilla con amor.

P.S.: atentos a la última escena y esperen al final de los créditos.

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