| Mortadelo
se disfraza
Tras el enorme éxito de taquilla de su predecesora, “Mortadelo
y Filemón. Misión salvar la Tierra”
se nos presenta abanderando aquel tópico tan manido de
“nunca segundas partes fueron buenas”.
“La gran aventura de Mortadelo y Filemón”,
la primera adaptación del cómic de Ibáñez
dirigida por Javier Fesser, trasladaba el brillante
universo del director madrileño a las aventuras de los
dos agentes de la T.I.A. Si dicho film lograba, a ratos y pese
a su terrible dispersión argumental, entretener, esta secuela
dirigida por Miguel Bardem se aproxima más
al bodrio que a lo digerible.
Bardem, quien en su anterior trabajo había
abandonado la comedia para filmar un correcto thriller (“Incautos”),
toma sin demasiada fortuna las riendas de un proyecto que a punto
estuvo de irse al traste durante su preproducción. Viendo
los resultados la pérdida no hubiese sido de lamentar.
La película se adueña de la excelente ambientación
que Fesser otorgó a la saga, pero olvida su ironía
y se vende a un infantilismo que no agradará ni a grandes
ni a pequeños. Tal vez nos ofrezca una historia algo más
coherente y clásica, pero carece de la simpatía
de la primera parte.
Si el cambio de director ha sido importante,
no menos lo ha sido el relevo de Benito Pocino por un esforzado
Eduard Soto, un excelente cómico que aquí, sin embargo
no da la talla. No por hacer una mala interpretación, sino
por lo odiosas que son las comparaciones. Al parecer, Pocino,
embriagado de éxito, exigió a la productora una
cantidad inmoral de dinero para rodar la secuela y ésta
decidió no aceptar las condiciones de quien mejor encarna
a la mítica creación de Ibáñez. Ya
no solo es su físico, tan singular como caprichosamente
clónico; Pocino además representa sin esfuerzo la
inocencia y el descaro gamberro del personaje. Ni es actor ni
sirve para interpretar; simplemente es Mortadelo.
Pese a que una aceptable recaudación va
a camuflar el descalabro, se exige una revisión de la franquicia
de cara a una posible tercera entrega. Mortadelo y Filemón
deben decidir si quieren pertenecer al cine gamberro o al infantil.
En la esencia del cómic posiblemente encuentren la mejor
respuesta.
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