| Cine
del bueno
Los Cohen han vuelto, y en su mejor forma. No
country for old men destaca principalmente por dos cosas: una,
su simplista y aterradoramente violento discurso, sin concesiones,
y dos, su ritmo lento, por momentos aturdido, que sabe crear una
tensión en el ambiente, que abofetea la cara del espectador,
como pocas veces se ha logrado.
Y es que la cinta de los Cohen penetra por la visión del
espectador como, y perdonen la expresión, una patada en
los huevos. Su desasosegante cadencia narrativa, la implacable
perversidad, complejidad y a la vez sencillez de los personajes,
y el modo de narrar la violencia hace que los Cohen se parezcan
más a los Cohen que nunca. Con una historia
marcada por la sangre, la desesperación, el miedo y la
más absoluta perversidad, los hermanos saben filmar la
muerte, y los no menos importantes minutos antes de la muerte,
de la manera más elegante posible. Es un filme sugerente
y perturbador, que retrata fiel y detalladamente la psique de
tres sujetos muy diferentes, pero con más de una cosa en
común. Y dentro de este enjambre brilla sobremanera un
genial Bardem, que compone un personaje austero
pero potente, que dice más cuando calla que cuando habla,
convirtiéndose en el Dios ejecutor y eje central de una
historia que envuelve y que invita a darle vueltas una vez sales
del cine.
Tampoco hay que engañarse, no es una obra maestra, ni
siquiera dentro de la filmografía Cohen, pero se queda
muy, pero que muy cerca. Tiene ese tufillo a gran filme y aunque
no llega a terminar de alcanzar la perfección formal y
brillante ritmo narrativo de El hombre que nunca estuvo allí,
o la genial astucia de Muerte entre las flores o Barton
Fink, No country for old men ofrece algo que por
ahora estos hermanos no nos habían ofrecido: un puñetazo
directo a la sien, una honestidad melancólica y atroz que
te deja, como al personaje del también genial Tommy
Lee Jones, en un estado de apatía sufrida que
no sabes si agradecer u odiar. Y es que esta nueva película
de los Cohen te agarra el alma y ya no te la suelta. |