. . Año VI

   
Esta Semana
Crítica
Por Gerard A. Cassadó
La Soledad
Dirección: Jaime Rosales.
País: España.
Año: 2007.
Duración: 130 min.
Género: Drama.
Interpretación: Sonia Almarcha (Adela), Petra Martínez (Antonia), Miriam Correa (Inés), Nuria Mencía (Nieves), María Bazán (Helena), Jesús Cracio (Manolo), Luis Villanueva (Carlos), Luis Bermejo (Alberto), Juan Margallo (padre), José Luis Torrijo (Pedro), Carmen Gutiérrez (Miriam).
Guión: Jaime Rosales y Enric Rufas.
Producción: José María Morales, Jaime Rosales y Ricard Figueras.
Fotografía: Oscar Durán.
Montaje: Nino Martínez Sosa.
Dirección artística: Ion Arretxe.
Vestuario: Eva Arretxe y Asun Arretxe.
Reestreno en España: 8 de febrero 2008.

Séptimo Arte
La Soledad” de Jaime Rosales es una película tan buena y tan bien hecha que no parece española. No obstante, menos de 40000 personas la habían visto en el cine cuando el pasado 3 de febrero, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas decidió otorgarle el Goya a la mejor producción nacional de 2007. A partir de entonces creció entre la sociedad el interés por una película de la que muy pocos habían oído hablar. Un film de “arte y ensayo” se alzaba por encima de producciones de mayor presupuesto, ambición comercial y éxito como “El Orfanato” o “Las 13 Rosas”. Un gesto valiente de la Academia que nos remite a los tiempos de la fallida Ley Miró. Una puerta abierta al inicio de un nuevo sello de identidad para la industria patria. Un guante que, lamentablemente, se va a quedar tirado en el suelo.

El caviar Beluga no es manjar para estómagos acostumbrados a las hamburguesas del McDonald’s. La industria cinematográfica ha maleducado a los espectadores de tal modo que pocos son capaces de entender por qué al cine se le considera el Séptimo Arte cuando pocas veces es más que una distracción evasiva, una excusa para comer palomitas a oscuras. Por ello es tremendamente arriesgado recomendar un film como “La Soledad”. Posiblemente pocos estén dispuestos a participar de un visionado que requiere otro tipo de mirada (“un certain regard”, que dirían en Cannes). Rosales ha hecho una película para cinéfilos, no apta para la generalidad. Ha olvidado que el cine es por encima de todo un negocio. ¡Bendita amnesia!

Rosales es el skin-head del cine español: planos interminables, que dejan respirar la trama igual que la vida nos da tiempo para digerir; diálogos naturales, hiperrealistas, porque en la calle no hablamos como hablan los guiones; interpretaciones tan dramáticas como contenidas (¡enorme Sonia Almarcha!), porque la tragedia griega pasó de moda hace siglos... en definitiva, fundamentalismo cinematográfico.

Y lo mejor de todo es que, en las antípodas de algunas marcianadas snobs, “La Soledad” se deja ver. Nos entretiene, nos hipnotiza, nos hace bajar la guardia, y de repente nos noquea. Es tan sencilla en lo que cuenta como compleja en su manera de mostrarlo. El resultado final es menos liviano que gratificante. Como la primera vez: duele un poco pero vale la pena.

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