. . Año VI

   
Esta Semana
Crítica
Por Alejandro Molina Bravo
Óscar: Una pasión surrealista
Dirección: Lucas Fernández.
Países: España, Francia y USA.
Año: 2008.
Duración: 97 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Joaquim de Almeida (Óscar Domínguez), Victoria Abril (Ana), Emma Suárez (Eva), Jorge Perugorría (Román), Paola Bontempi (Roma), Toni Cantó (Estrada), Caco Senante (Montero), Jack Taylor (John Marlow), José Luis de Madariaga (Manuel Piedrahita), Yanely Hernández (Maud Bonneaud), Kira Miró (Mylene).
Guión: Lucas Fernández y Eduardo del Llano.
Producción: Lucas Fernández.
Música: Diego Navarro.
Fotografía: Rafael Bolaños.
Montaje: Eddy Cardellach.
Dirección artística: Carlos Bodelón.
Vestuario: Tatiana Hernández.
Estreno en España: 22 Febrero 2008.

Un cadáver insípido
Es muy fácil, para aquellos que escribimos críticas, caer en la tentación de criticar despiadadamente el objeto en cuestión sin tener en cuenta el daño que podemos hacer a aquellos otros que han dedicado una parte de su vida, su esfuerzo y su ilusión a algo que nosotros destruimos en apenas unas líneas. Por eso, desde que me dedico a criticar películas, tengo en mente la reflexión del crítico gastronómico que tiene lugar durante los minutos finales de la película “Ratatouille”: “Nuestras críticas valen menos que el peor de los platos (–en este caso, películas-) que criticamos”, dice aproximadamente. Y tiene razón. Hago esta introducción, porque no dudo del esfuerzo e ilusión de todo el equipo que ha hecho esta película que ahora critico, pero no puedo dejar de decir que, sinceramente, la película me ha parecido un soberano bodrio con ínfulas de trascendencia.

La vida del pintor español Óscar Domínguez un espíritu revolucionario, genial y creativo, durante su estancia en París en la primera mitad del siglo XX, se entrelaza con la de Ana, en el Madrid actual, a quien se le diagnostica una terrible enfermedad que le lleva a volcarse en la búsqueda de un misterioso cuadro que, según los expertos, fue la última creación del pintor antes de suicidarse.

Si lo que pretendía el director era hacer una reivindicación del espíritu surrealista que encarna Domínguez, lo ha hecho bien y mal a un tiempo. Mal porque al final de la película uno sale pensando que el surrealismo consistía únicamente en hacer cuantas más majaderías mejor y en competir por ver quién es el más polémico y controvertido. Bien porque si el guión pretendía basarse en una estructura semejante a los cadáveres exquisitos que este grupo realizaba para dejar vía libre a la inconsciencia en forma de versos o dibujos inconexos e incongruentes, lo ha conseguido. El destino final del cuadro es desconocido, dejando la trama principal descabezada, hay saltos en la narración que hacen que no comprendamos, como pasa con la muerte de la amante polaca: de repente, y sin saber por qué, la están fusilando; y el film muestra una admiración parcial, superficial y tópica por el pintor, al que se nos presenta como un artista genial ante el cual otros reconocidos artistas como Man Ray, André Breton y el mismísimo Picasso, paradigma de la genialidad en la pintura del siglo XX, se achantan constantemente, presentados como personajes planos. Todo esto, siendo escasos los cuadros que pinta el pintor en la película, más interesado en tirarse a todo lo que se mueve. Resultado de todo ello es que en vez de salir admirados por Óscar Domínguez, nos termina por resultar antipático, y no vislumbramos su genio por ninguna parte, sólo nos preguntamos si está loco o es sencillamente imbécil.

Adolece, además, la película de síntomas típicos del cine español que ya creíamos superados: a los diez minutos ya ha tenido lugar una escena de sexo y han hecho acto de presencia las drogas. A los veinte minutos, Victroria Abril ya ha hecho un desnudo integral. Ella, junto con los bellos paisajes naturales tinerfeños y la esforzada labor de producción es lo único salvable de la cinta, a pesar de que su interpretación se reduzca a los ataques de su personaje, con el que tampoco simpatizamos. También es destacable la interpretación de Joaquim de Almeida, muy bien caracterizado, y que resulta creíble y carismático. El personaje de Emma Suárez es totalmente prescindible y Jorge Perugorría no levanta su personaje plano y tópico. El resto de actores lo hacen francamente mal, sobretodo los que actúan en papeles menores.

Hice grandes esfuerzos por no irme a la mitad.

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