| Corazones
de Resnais
El cineasta francés Alain Resnais, autor
de una de las más importantes películas de la historia
del cine, a saber, El año pasado en Marienbad (1961), adapta
al dramaturgo inglés Alan Ayckbourn en
una película que rezuma el peculiar y enigmático
tono que es característico de sus películas. Al
igual que en Smoking / No smoking (1993), particular díptico
igualmente inspirado en Ayckbourn, Resnais apuesta por la multiplicidad
de los puntos de vista en la aproximación a sus historias
si bien en esta ocasión no se basa en un aparente artificio
narrativo. Matizo: aunque Asuntos privados en lugares públicos
no trastoca el orden de los acontecimientos narrados (se podría
detectar a lo sumo una simultaneidad aproximada, nunca evidente)
ni practica el juego de la repetición y variación
de una misma acción, en ningún momento se parece
a lo que llamaríamos un film lineal. Quizás ocurra
por la variedad de las historias y la imprevisibilidad de los
encuentros entre ellas, y quizás también porque,
al fin y al cabo, la repetición de las acciones cotidianas
suple a la perfección la vuelta maquinal sobre los mismos
gestos por la que se caracterizaron sus anteriores películas,
logrando enfatizar el carácter indistintamente familiar
e inconmensurable de acciones básicas como la visión,
el habla, o la simple interacción de los personajes con
objetos aparentemente insignificantes.
En esta obra maestra de Resnais aparece en toda su amplitud esta
dialéctica entre lo evidente y lo que escapa a todo control
mediante el cruce más o menos intenso de seis personajes
que hacen sus vidas en un París descrito con escenarios,
que no siempre esconden cierto regusto a maqueta, como señala
el gran travelling hacia el corazón de las historias que
presenta la película, sumidos a su vez en un temporal de
nieve que se convierte en el leitmotiv que cruza unas historias
con las otras, por medio de fundido-encadenados de nieve que marcan
el paso de entre ellas, hasta culminar, al final de cada día
narrado, con el fundido a negro. A la versatilidad de este planteamiento
que presenta la película de acuerdo con unas pautas rítmicas
muy precisas y enormemente eficaces, se le suma la característica
agilidad de la cámara de Resnais, que sabe no sólo
escrutar el sentimiento de los personajes a través del
recurso preferente por planos medio-cortos sino, sobre todo, relacionar
sus tramas con ese espacio que cada vez más tiende hacia
cierta inverosimilitud poética, a medida que se aproxima
a la mayor concreción de los conflictos argumentales. No
conviene adelantar detalles del argumento, no tanto por un posible
contenido sorprendente como porque difícilmente haría
justicia al planteamiento propiamente cinematográfico.
Cabe, en todo caso, señalar la precisión del trabajo
interpretativo de los seis actores, algunos de los cuales ya son
fijos de Resnais, y, particularmente, el de André
Dussollier como Thierry, quien sabe
imprimir al personaje de un vendedor de pisos una enorme proximidad
(se oye latir su corazón – Coeurs es el título
francés) y cierto aspecto de esa ternura que, finalmente,
viene a dominar el film y a cautivar al espectador atento. |