| La
otra mitad
Recogió Adéle Hugo en uno de sus
diarios la contestación que le dio a la casera que la acogía
en Halifax cuando esta última manifestó su tristeza
por no haber tenido hermanos, en el marco de una conversación
sobre la trágica muerte de Léopoldine,
la hermana de Adéle: “No
entiende usted nada. No sabe la suerte que tiene de ser hija única”.
Los que tenemos hermanos (yo tengo uno, y mellizo) sabemos a qué
se refiere: a esa relación íntima que ninguno de
los hermanos ha decidido, ese nexo inevitable que con frecuencia
conlleva comparaciones y discusionesque se mezclan con una trama
de preocupaciones, temores y sentimientos protectores. Y, a pesar
de todo, no reniegas de esa relación que tanto enriquece
tu vida. Ese amor tan simple y complejo a la vez que hace que
tu hermano se convierta en una referencia de tu vida, una parte
de ti. Como dice María Bolena en el film que nos ocupa,
es como ser la mitad de otra persona.
Las hermanas Ana y María Bolena
son utilizadas por su padre y su tío, que hacen y deshacen
matrimonios y relaciones con tal de medrar y alcanzar poder. Mientras
que a María, más ingenua, se la casa con un comerciante,
a Ana se le encomienda la misión de seducir al rey de Inglaterra,
Enrique VIII, angustiado porque su mujer Catalina
de Aragón no le da un hijo varón. Pero el rey se
encapricha de María, lo que desata una sucesión
de venganzas, traiciones, rivalidades y celos entre las hermanas.
El planteamiento principal de la película es rescatar
del olvido a la otra hermana Bolena,
María, y mostrar la importancia
que su relación con Ana tuvo en los acontecimientos históricos
posteriores, pero la que se alza como protagonista del film es
Ana Bolena, personaje de mayor complejidad e importancia histórica,
considerada la consorte más influyente que ha tenido Inglaterra,
motivo por el cual su vida ha sido objeto de numerosas adaptaciones
cinematográficas como “Ana de los mil días”
(película de la que yo nunca he llegado a ver más
allá de los quinientos). Una mujer adelantada a su tiempo
en la alta estima que se tenía a sí misma, en una
época donde las mujeres eran moneda de cambio. Natalie
Portman interpreta más que correctamente a esta mujer descarada
y manipuladora; un papel más lucido que el de su hermana
María, bien interpretado por Scarlett Johansson,
a pesar de que tanta candidez en medio de semejante nido de víboras
resta credibilidad a su personaje. Ambas actrices logran hacer
creíble su relación de hermanas, en lo que quizá
es lo mejor de la cinta junto con la excelente ambientación
de época y el vestuario. Cierra el trío amoroso
Eric Bana como el rey Enrique VII, algo decepcionante
dada la calidad del actor, pues si bien actúa con corrección,
su personaje carece en muchas ocasiones de la fuerte y compleja
personalidad por la que es conocido. Entre los solventes secundarios,
citar a una soberbia Kristin Scott Thomas en
el pequeño papel de la madre de ambas hermanas que asiste
al desmembramiento de su familia y la española Ana
Torrent, sorprendente como una Catalina de Aragón
que mantiene su dignidad a pesar de ser constantemente humillada.
Un esmerado culebrón, realmente entretenido en su narración
de las conspiraciones y los tensos y educados diálogos
plagados de dobles sentidos, pero que acaba por hacerse largo
ante la profusión de amores, traiciones, odios, pasiones
y sentimientos extremados que, aun siendo verdad, resultan inverosímiles. |