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En
busca de los gusanos…
… y de algo más. Basada en la novela homónima
de Alessandro Bariccco, la historia nos sitúa
en la Francia del siglo XIX, donde un joven militar es contratado
por un comerciante (magnífico Alfred Molina)
para comprar huevos de gusanos de seda en África ante la
epidemia europea que está matando a todos los ejemplares.
Antes de partir contrae matrimonio con Hélène, una
joven del pueblo de la que está perdidamente enamorada.
Sin embargo, los gusanos africanos también están
enfermos, por lo que el joven debe ir hasta Japón para
encontrar los mejores ejemplares. Allí descubrirá
más cosas de las que espera.
Quién conozca el libro de Baricco sabrá que no
es excesivamente largo. De hecho, es más bien corto. Es
por eso que la película contiene prácticamente todos
los elementos que aparecen en la novela, incluyendo su tempo lento
y sus hermosos paisajes. Es quizá el mayor escollo al que
se enfrenta la historia. Carece de ritmo, sus personajes se mueven
en un mundo de miradas, hechos omitidos y sentimientos reprimidos.
Sé que más de uno pondrá el grito en el cielo,
pero en cierto modo podría recordar a la obra póstuma
del genio Kubrick “Eyes Wide
Shut”.
Los paisajes son maravillosos, la fotografía hermosa
(el momento de las termas naturales es perfecto) y los personajes
acaban resultando entrañables (a destacar Molina y Knightley),
y aunque la historia pueda resultar lenta hace reflexionar sobre
las relaciones una vez se encienden las luces. |