| La
muerte serenada
Con “Al Otro Lado” regresa
el mejor Fatih Akin, el creador de esa enorme
película llamada “Contra la Pared”
(que entre otros reconocimientos se hizo con el –actualmente
enterrado- Goya a la Mejor Película Europea de 2004). Tras
el impass que supuso el documental musical “Los
sonidos de Estambul”, Akin regresa con toda
la intensidad dramática que le permite ser uno de los directores
más prometedores de Europa.
Sin embargo, quien espere la grandilocuencia
de “Contra la Pared” y su
plétora de vehemencia pasional, se va a topar con una película
que, sin dejar de contar conflictos tremendos, lo hace de un modo
más comedido, tal vez menos pretencioso. Vejez, amor, deseo,
homosexualidad y, sobre todo, muerte, son los ingredientes de
una historia muy bien entrelazada, aunque tal vez demasiado entrelazada.
La suspensión de la credibilidad se hace necesaria para
aceptar un mundo donde los personajes, pese a deambular entre
Alemania y Turquía a lo largo de todo el film, no dejan
de cruzar sus vidas una y otra vez (la mayoría de las veces
sin siquiera saberlo). Salvando ese escollo se disfruta muchísimo
de la mano sensible de Akin, de su habilidad para representar
sentimientos de un modo muy humano, casi mágico.
No es Akin un acróbata de la realización,
la cual pone al servicio de la historia, sin excesivas filigranas
que distraigan la atención. Por ello sorprende muy gratamente
la radicalidad, en concepto y forma, del final de la película,
que va a descolocar a la mayoría, pero que para quien escribe
es uno de los clímax interruptus más laboriosos
de los últimos tiempos. La belleza, sencillez y poética
del interminable plano final sirven como sintaxis del nuevo Fatih
Akin, quien parece querer redimirse de los excesos de “Contra
la Pared”. De redención es, en esencia
y al fin y al cabo, de lo que nos habla “Al
Otro Lado”.
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