. . Año VI

   
Esta Semana
Crítica
Por Alejandro Molina Bravo
El último gran mago
Dirección: Gillian Armstrong.
Países: Reino Unido y Australia.
Año: 2007.
Duración: 97 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Guy Pearce (Harry Houdini), Catherine Zeta-Jones (Mary), Saoirse Ronan (Benji), Timothy Spall (Sr. Sugarman).
Guión: Tony Grisoni y Brian Ward.
Producción: Marian Macgowan y Chris Curling.
Música: Cezary Skubiszewski.
Fotografía: Haris Zambarloukos.
Montaje: Nicholas Beauman.
Diseño de producción: Gemma Jackson.
Vestuario: Susannah Buxton.
Estreno en España: 4 Abril 2008.

Sin trampa ni cartón
Los magos siempre me han producido una extraña sensación entre lo desagradable y lo placentero: me maravillan sus actuaciones imposibles, carentes de toda lógica, que me envuelven en fantasía, pero constantemente pienso en cómo logran hacerlo, dónde está el truco; provocándome una ligera frustración. Con ese ánimo asistí a la proyección de esta película cuyo título original “Death defying acts” (Actos que desafían a la muerte) remite a los anuncios del gran mago Houdini, sobre el cual versa la trama, lo que prometía ser un entretenimiento estimulante. En ese sentido, la película es decepcionante: se centra una convencional historia de amor, dejando de lado la magia y sus engranajes.

En 1926 el famoso mago Harry Houdini llega a Edimburgo en su gira mundial, dispuesto a dar una gran recompensa a la persona capaz de contactar con su madre recientemente fallecida. Una atractiva médium, acepta el desafío atraída por el dinero. Houdini hará todo lo posible por desenmascarar a la misteriosa mujer, pero no podrá evitar sentirse cada vez más atraído por ella.

Durante algo más de la mitad de metraje se nos muestra una película entretenida y con unos divertidos toques de humor, que se apoya en una esmerada y preciosista ambientación de época, ayudada en gran parte por la belleza de la ciudad de Edimburgo, pero que progresivamente evoluciona a una poco profunda (a pesar de que se quiere aparentar lo contrario) historia de amor almibarado cuyo único aliciente es la química que desprenden los actores. De ese dueto protagonista que interpreta con corrección sus papeles, destaca Catherine Zeta-Jones, cuya presencia tiene atisbos de estrella clásica de Hollywood. No se puede decir lo mismo de Guy Pearce, entregado a la preparación de su personaje, pero al que no dota de la oscuridad ni el magnetismo que la película nos quiere transmitir acerca del mejor escapista de la Historia. Mención especial merece el personaje de la hija de la médium, Saoirse Ronan (última candadita al Oscar de reparto por “Expiación”) cuyo desparpajo y buen hacer en la película no desmerece de otras brillantes y recordadas interpretaciones infantiles como la de Tatum 0’Neall en “Luna de papel” o la de Anna Paquin en “El piano”. Lo único punible de su interpretación es el uso de su reiterativa y prescindible voz en off.

Es entretenida pero (cosa mala si se trata de magia) no maravilla. Está lejos de otras películas recientes que tratan este mismo tema, como la bella “El ilusionista” y a años luz de la apasionante complejidad de “El truco final” y su magnífica disección de ese mundo de apariencias que es la magia.

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