| Shemá
Israel (Deuteronomio 16:4)
En el Deuteronomio, que cierra la Torá, el libro sagrado
del judaísmo, aparece el verso que da nombre a una de las
principales plegarias de dicha religión: “Shemá
Israel”, que significa “Escucha,
oh Israel”. Es una de las cosas que aprendí
durante mi reciente viaje a Israel, un país fascinante.
En el viaje en avión, mientras comía pan de pita
y falafel, se proyectó esta película israelí
sobre la importancia de escuchar al otro para lograr el entendimiento
entre las culturas.
El film sigue las desventuras de una banda de
músicos egipcios que por un malentendido acaban perdidos
en un pequeño pueblo israelí en medio del desierto.
La rutina diaria de los habitantes de este pueblo se verá
completamente trastocada. Hebreos y musulmanes compartiendo un
día de sus vidas, dejando de lado el enfrentamiento atávico
levantado durante años, convertido ya en costumbre, para
darse cuenta de que tienen más cosas en común, que
les une algo más que la indiferencia mutua, cuando no la
violencia.
Bajo esta premisa se desenvuelve esta tierna
y delicada película, impregnada de un humor ingenuo y agradable
sobre un trasfondo amargo. Pequeño y sencillo film que
cosechó la polémica (a su pesar) debido a las críticas
desatadas por ciertos grupos radicales del país (lo que
viene a demostrar que en Israel es imposible escapar del conflicto,
incluso con una película amable a la que no se le puede
reprochar ningún posicionamiento) y, sobre todo, por su
descalificación como candidata a la Mejor Película
Extranjera en los pasados premios Oscar, debido a que gran parte
del metraje es en inglés, lengua franca de los personajes
para entenderse. Culminaba sin el mayor de los premios esta película
que arrasó en los premios de cine de su país originario
y multipremiada en numerosos festivales como el de Valladolid
(Mejor Guión), Cannes (premio Un certain regard), Montreal,
Tokio… y también en los Premios de Cine Europeo (sí,
Israel es Europa): Descubrimiento del año para su director
y mejor actor para un inmenso Sasson Gabai, poseedor
de una adusta expresividad y una conmovedora mirada. Es el más
destacado de un plantel de buenos actores entregados con mimo
a sus personajes necesitados de amor y comprensión.
Una película que aboga de manera sencilla por el diálogo,
falto de sentido si no se escucha al otro. Que nos provoca una
sonrisa triste, pero que da significado a esa palabra utópica
con la que los judíos se saludan y se despiden, esa palabra
que significa paz: “Shalom”. |