| Cien
palabras en tres horas
Esta película no es lenta, no. Eso es poco. Es lentísima.
Si una tortuga la adelantase, la despeinaría con el viento
que levantaría al pasar. Planos de hasta 15 minutos muestran
a los personajes, a veces solamente sus caras, casi siempre en
silencio. Los diálogos, al igual que la acción,
son escasos. Se ven largos paseos por las calles de Barcelona.
No hay una historia concreta.
Viéndola no podía parar de preguntarme: ¿qué
es lo que pretende conseguir? Porque es fácil adivinar
que esta película no va a ser un taquillazo. Y tampoco
me parece que vaya a recibir una batería de premios. En
el material promocional, en director dice que quiere coger el
tiempo y devolvérselo al espectador, permitirle que reflexione.
Pues eso desde luego lo consigue, aunque la reflexión no
sea exclusivamente sobre lo que el director pretende: la lista
de la compra, el trabajo, los planes de esa tarde… Hace
falta un gigantesco ejercicio de concentración, en mi opinión
al alcance de muy pocos (desde luego no al mío), para no
encontrarse en medio de la proyección pensando en esas
cosas.
Sin embargo, es reconfortante pensar que esta película
se ha rodado. Opiniones aparte, por muy lenta y rara que sea,
alguien ha tenido el valor de producirla y estrenarla, y no lo
ha hecho por los beneficios económicos. Es un proyecto
arriesgado que alguien se empeñó en realizar y lo
ha conseguido, y aunque solo sea por eso, merece un gran reconocimiento. |