. . Año VI

   
Esta Semana
Crítica
Por L. Avendaño
La duquesa de Langeais
Dirección: Jacques Rivette.
Países: Francia e Italia.
Año: 2007.
Duración: 137 min.
Género: Drama.
Interpretación: Jeanne Balibar (Antoinette de Langeais), Guillaume Depardieu (Armand de Montriveau), Michel Piccoli (Vidame de Pamiers), Bulle Ogier (princesa de Blamont-Chauvry), Anne Cantineau (Clara de Sérizy), Mathias Jung (Julien), Julie Judd (Lisette), Marc Barbé (marqués de Ronquerolles), Nicolas Bouchaud (De Trailles), Thomas Durand (De Marsay).
Guión: Jacques Rivette, Pascal Bonitzer y Christine Laurent; basado en la novela de Honoré de Balzac.
Producción: Martine Marignac, maurice Tinchant, Luigi Musini, Roberto Cicutto y Ermanno Olmi.
Música: Pierre Allio.
Fotografía: William Lubtchansky.
Montaje: Nicole Lubtchansky.
Diseño de producción: Manu De Chauvigny.
Vestuario: Maïra Ramedhan-Levi.
Estreno en Francia: 28 Marzo 2007.
Estreno en España: 30 Abril 2008.

Rivette/Balzac
En su última película, el veterano cineasta francés Jacques Rivette aborda con fidelidad la adaptación de una novela corta de Balzac en la que se narra la tortuosa historia de amor entre una refinada aristócrata del París de la Restauración y un arisco e inelegante general que, tras superar duras pruebas en el corazón de África descubre que más difíciles son las trabas que los sentimientos se ponen cuando entran en conflicto con la etiqueta. Sin pretender poner en imágenes toda la carga de fino moralista que tiene el autor de la Comédie Humaine, Rivette se mantiene no obstante cercano al estilo literario de La duchesse de Langeais, donde abundan largas y detalladas descripciones que escrutan al milímetro las contradicciones de la sociedad de la época, y lo hace sin abandonar su peculiar manera de filmar: largos planos secuencias, cargados de intención y que no ocultan, pero tampoco exageran, cierta manera teatral de desenvolverse. Lo que no está del todo en desacuerdo con la historia, pues el conflicto entre los amantes surge precisamente de la dificultad de asumir que en su relación lo que está en juego son diferentes e irreconciliables maneras de interpretar, como bien lo ponen de manifiesto los trabajos de Guillaume Depardieu y Jeanne Balibar.

La película se muestra particularmente sobria y distante respecto de las historias. Contribuye a ello la inserción, cosa frecuente chez Rivette, de rótulos en los que se introduce o bien la información que cubre la elipsis narrativa, o incluso la observación con que culmina Balzac algún párrafo. Pero también una cadencia particular, la del lento movimiento de los travelling o incluso la de cierta torpeza de los personajes que se mueven en un espacio que, a diferencia de lo que suele pasar en el cine, no se adapta a ellos. Espacio de gran presencia, desde el punto de vista narrativo, que se aborda siempre desde puntos de vista generales y que se llena y vacía de acuerdo con normas de puesta en escena destinadas a parafrasear las presentaciones de personajes y situaciones que ofrece Balzac, y que tienen esa apariencia de ser obra de un no demasiado escondido demiurgo que pone y dispone y asegura que se respete el orden, para lo que hace hincapié en él desde un primer lugar. De esta función demiúrgica se ha querido hacer cargo siempre Rivette, y en este sentido hay que decir que, por más que a nivel de la trama su fidelidad a la novela sea impecable, existe algo que no es que no se saque de Balzac, sino más bien que se superpone de Rivette y que se hace enormemente reconocible su película. De sus seguidores es tarea observar este “algo”. De los buenos amantes del cine disfrutar de esta pequeña joya, esperemos, en pantalla grande.

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