| Esto
es el fin
“Para empezar, diré que es el final”
reza una canción de M-Clan, perfecto arranque
para criticar esta película, la última adaptación
al cine de un relato del prolífico escritor Stephen
King, a manos del director que más y mejor lo
ha llevado a las pantallas, como en “La milla
verde” y “Cadena perpetua”.
Porque, al contrario que las anteriores, ésta no es una
buena película; pero, eso sí, tiene uno de los mejores
y más desoladores finales que se han visto en una sala
de cine. Ése es su principal (y casi diría que único)
aliciente.
En un pequeño pueblo estalla una violenta
tormenta que termina tan bruscamente como comenzó. Entonces
aparece una espesa niebla que va atrapando a todo aquel que se
adentra en su oscuridad. El argumento, a priori, es atractivo,
pero la irrupción al poco tiempo de un monstruo poco creíble
salido de la niebla, y el tono telefílmico para retratar
a un feliz padre de familia americano, de esos que llaman “campeón”
a su hijo, nos sitúa ante una película palomitera
para quinceañeros con poco criterio. Está bien dirigida,
como no podía ser menos viniendo de un buen director como
es Darabont: llega ser entretenida gracias al ritmo y la tensión
con la que narra las peripecias de los lugareños atrincherados
en un centro comercial, pero no consigue dar miedo, sólo
asco (términos que muchas películas parecen confundir),
dada la proliferación de muertes violentas por desmembramiento
y los bichos repugnantes, que son los verdaderos protagonistas
del film, sin que importe forzar situaciones para que sean mostrados.
Un cine basado más en los efectos que
en la Historia, donde no se ve atisbo de las complejas emociones
que aparecían en las películas antes mencionadas.
Ni rastro del Frank Darabont que nos cautivó,
nos removemos en nuestros asientos augurando el fin de su carrera...
Pero entonces, tras hora y media de película, es decir,
cuando sólo queda media hora de metraje, la trama toma
impulso, interés y hondura cuando se forma un bando entre
los vecinos, que atacan a su iguales llevados por el fanatismo
religioso y la desesperación, en lo que es un estudio sobre
la ruindad y los bajos instintos implícitos en la naturaleza
humana en su lucha por la supervivencia. Es entonces cuando destacan
las interpretaciones de los dos principales actores de la cinta:
Toby Jones como un sensato tendero y la fanática
religiosa que lidera el grupo de sublevados en la piel de una
Marcia Gay Harden que, eso sí, llega a
ser exasperante. La inexpresividad de Thomas Jane no supone problema
para interpretar el típico papel plano de héroe
americano, pero muestra no ser el más adecuado cuando la
historia en sus últimos minutos le exige un gran esfuerzo
interpretativo.
Ese maduro y potente final, de un dramatismo
desolador, tan diametralmente opuesto al tono general de la película,
es sin duda lo mejor. Es un final para recordar. Porque (para
terminar también con música), como decían
The Doors: “This is the end, my only friend,
the end”.
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