| Doce
hombres con piedad
Niñita Mikhalkov ha tardado unos diez
años en saltar a las pantallas de cine, desde que en 1998
lo hiciera con “El barbero de Siberia”.
Ahora nos presenta una historia basada en la obra “Doce
hombres sin piedad”, dirigida en 1957 por
Sidney Lumet. La historia nos cuenta cómo
doce hombres de un jurado se reúnen para deliberar si un
chico checheno ha matado a su padrastro ruso. Aunque parece clara
la culpabilidad, pronto empiezan a surgir dudas, originadas muchas
de ellas por los pasados de cada uno de los personajes y por las
incongruencias de las declaraciones.
A diferencia de otras adaptaciones de esta historia, Mikhalkov
va más allá de la sala de deliberación (un
gimnasio en este caso) para mostrarnos a través de la vida
del acusado la violencia del conflicto checheno. Conflicto que
sirve de marco social a doce personajes que, en varios momentos,
parecen vivir de los recuerdos comunistas más que en el
siglo XXI. Poco importan las profesiones de los personajes; su
forma de ser y el pasado que les ha llevado a ser lo que son conforman
un panorama social de lo más conmovedor que hace reflexionar
sobre la situación actual y la mentalidad rusa.
La evolución de la historia, desde una persona a favor
de su inocencia hasta una persona a favor de su culpabilidad,
conlleva una evolución de personajes pocas veces vista
en una pantalla en los últimos años. Todos y cada
uno de los protagonistas tiene un turbio pasado que prefiere olvidar
pero que el caso judicial ha vuelto a desenterrar. A destacar
la confesión del taxista, un violento y racista personaje,
o la argumentación final a cargo del propio director a
favor de su condena.
La película mezcla momentos dramáticos con ciertos
personajes cómicos que, a pesar de la crudeza de la situación,
no impiden sonsacar una sonrisa al espectador. Un relato de lo
más recomendable que debería llevar a descubrir
a su director a aquellos que todavía no tengan el privilegio
de conocer su obra. |