| Auto-plagio
innecesario
Es difícil creer que un remake exacto de una película
(que da la casualidad de que es una obra maestra, un film capital
de la década de los 90) se convierta en algo anodino y
sin interés, en una película vacía y absurda.
Funny games (1997) era un peliculón
porque enganchaba al espectador, le hacia cómplice de lo
que pasaba en la pantalla, le agarraba el estómago y se
lo zarandeaba, le incitaba a pensar, a reflexionar. Era una película
brutal tanto en el concepto como en la forma, un thriller psicológico
que daba miedo de verdad, una obra maestra. Sin embargo, en esta
Funny games U.S. todo eso se incomprensiblemente se ha perdido.
Se ha perdido porque cualquiera que haya visto la versión
original se da cuenta de que el señor Haneke
le está estafando. Cuando alguien quiere hacer un remake
ha de pretender aportar algo nuevo, algo diferente, un nuevo punto
de vista o al menos algún detalle que pueda justificar
lo que se está haciendo. Sin embargo aquí lo que
se hace es copiar al milímetro plano por plano, secuencia
por secuencia, diálogo por diálogo todo lo que ya
estaba hecho. ¿Es esto necesario?, ¿Aporta algo
que merezca la pena? Evidentemente, la respuesta es no. Al igual
que con el infame remake de Psicosis que hizo Gus Van
Sant, nos encontramos ante el problema de estar enfrente
de un caradura tremenda. Un tipo que se copia a sí mismo,
se llena los bolsillos y se va para casa.
Realmente esta Funny games U.S. es una película que hay
que ver con ojos vírgenes. Aquellos que no hayan visto
la original muy probablemente la disfruten, la sientan y la aprecien.
Pero aquellos que ya vieron la original se darán cuenta
de que a esta versión, pese a ser una copia exacta, le
falta algo fundamental: le falta alma. Todo suena a falso y eso
repito que es difícil de explicar ya que es idéntica
a la anterior, y la anterior es una magnífica película
pero…
De todos modos, no quiero evitar que la gente deje de ver Funny
Games, la historia de un matrimonio que va a pasar unos días
a su casa de campo y entonces unos jóvenes deciden hacerle
una visita. No pretendo que no descubráis lo subyugante
de esta historia, la bofetada que recibe el espectador en varias
secuencias de la película, lo estresante que puede llegar
a ser, lo repulsiva incluso. Pretendo que veáis Funny Games,
pero la de 1997, no ésta. Porque Arno Frisch
da mucho más miedo que Michael Pitt, porque
Susanne Lothar lo hace mejor que Naomi
Watts, porque Ulrich Mühe era mejor
actor que Tim Roth y porque Funny Games U.S.
parece totalmente aséptica en comparación con una
película que penetra en tu cerebro para ya no marcharse
jamás. Algunos la odian y otros la adoran, pero para bien
o para mal aquella película que Haneke rodó en 1997
pasará a la historia, por mucho que nos la revenda ahora
bajo la perspectiva USA. Lo único bueno de que se haya
realizado esta versión posiblemente sea que así
el amplio público americano, y también un gran sector
del europeo, descubran esta historia de mentes perturbadas y sufrimiento
ilimitado. |