| Próspera y larga vida
“Nunca he sido fan de Star Trek”. Eso es lo que afirma el responsable de éxitos televisivos como Alias, Perdidos o Fringe. Sin embargo, viendo el trabajo realizado poco se puede criticar a J. J. Abrams.
La nueva película protagonizada por la tripulación del Enterprise es puro espectáculo en el mejor de los sentidos. Sin duda, lo que más capta la atención es el perfecto manejo de las proporciones que tiene el director de Misión Imposible III. Y es que los planos en que las naves de distintos tamaños aparecen junto a los planetas son, por decirlo en pocas palabras, bellos en todos sus sentidos. Una estética que eleva a esta franquicia a un nuevo nivel.
Sin embargo, todo esto no serviría de nada si no tuviera detrás una historia trabajada, con unos giros argumentales sólidos y que mezcla pasado, presente y futuro sin necesidad de flash-backs o saltos temporales. Reconozco que el que suscribe tampoco ha sido nunca fan de la mítica serie ni de sus incursiones en la gran pantalla, pero tampoco hace falta. Basta conocer algunos elementos básicos para disfrutar como el mayor trekkie que pueda existir.
La forma en que los guionistas relacionan a los personajes, cómo les presentan, cómo se producen los acontecimientos que les llevan a ocupar su puesto definitivo en la mítica nave estelar. Todo consigue que el espectador se implique de forma inconsciente con este grupo de jóvenes, interpretados por cierto de forma magistral por un elenco que, si bien no ha destacado, sí ha conseguido un reconocimiento en su gremio. Posiblemente los más conocidos sean Zachary Quinto, el Sylar de la serie Héroes; Simon Pegg, responsable de dos éxitos como Zombies Party o Arma Fatal; y Karl Urban, uno de los enemigos de Matt Damon en El mito de Bourne.
Pero si algo hará las delicias de los aficionados es la presencia de Leonard Nimoy. No es este el lugar para desvelar su papel en la trama, pero lo cierto es que su presencia aporta al conjunto una solidez y una serenidad que pocos actores son capaces de conseguir. Algo parecido a Bruce Greenwood, actor secundario que algún día será reconocido por la brillantez de sus interpretaciones, y que en esta película tiene una participación importante.Si se analiza la trayectoria de J. J. Abrams se pueden llegar a una serie de conclusiones.
La más importante es que no es un director como tal: es un hombre del espectáculo. Su trayectoria incluye los guiones de Armaggedon o Eternamente joven, y su labor de productor pasa por ese éxito del pasado año llamado Monstruoso. Si su sentido del espectáculo y sus ansias por encontrar nuevas formas de narrar no se agotan, es posible que nos encontremos ante uno de los futuros revolucionarios del séptimo arte. Por lo pronto, ya ha conseguido que la televisión viva su edad de oro gracias a las series. |