| A la conquista de nuevos formatos
Doce años. Eso es lo que ha tardado James Cameron en ponerse tras las cámaras de su siguiente producción de ficción. Esto no significa que el director de Terminator haya estado parado. Al desarrollo de su nueva película hay que añadir varios documentales y, sobre todo, una investigación de nuevas formas de grabación que le han permitido plasmar en imágenes una fantasía como Avatar.
Jake Sully (Worthington) es un soldado parapléjico que, por cosas del destino, acaba supliendo a su hermano, científico de renombre, en una misión científico-militar al lejano planeta Pandora. Allí entra a formar parte de un programa con el que controlará con la mente cuerpos de los habitantes de ese planeta. Su misión es introducirse en su mundo y recopilar información para encontrar la mejor forma de derrotarlos.
Avatar es simple en su historia y claro en su mensaje ecologista. Mucha gente puede asegurar con toda la razón del mundo que esto juega en su contra, convirtiendo a esta película en una más que lo único que presenta son unos buenos efectos digitales. Sin embargo, tras años de ver películas, series, etc. es muy difícil encontrar una historia diferente. Cierto es que la nueva propuesta de Cameron bebe de historias como Pocahontas, e incluso se pueden ver influencias de su Aliens o, por llegar más lejos, de la versión Disney de Tarzán.
Sin embargo, no hay que engañarse. Avatar es un punto de inflexión en el desarrollo del cine. Puede que suene pretencioso, pero lo cierto es que el cine no se entenderá igual después de esto. Quien se acerque a ella con la idea de verla de forma tradicional no sólo se perderá gran parte de su encanto, sino que no comprenderá muchos detalles de ese mundo. Y es que Cameron la ha rodado expresamente con la tecnología 3D, exprimiendo como nadie lo había hecho antes un recurso que, repito, renueva la forma de ver cine.
Los personajes generados por captura de movimiento presentan una verosimilitud que no consiguen otros directores como Zemeckis y su Cuento de Navidad. La expresividad de los rostros, los movimientos de los músculos e incluso la interacción entre personajes digitales y de carne y hueso son muy superiores a otras propuestas recientes.
Es cierto que Avatar no presenta una enrevesada historia. Sus personajes son más bien prototípicos; el espectador es consciente de muchas decisiones antes incluso de que los personajes las tomen. Pero eso no quiere decir que la película sea mala, ni mucho menos. James Cameron consigue introducir a todo el mundo en su Pandora, siendo partícipes de la espectacularidad de un planeta donde todo, desde plantas hasta animales, está conectado. |