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“No queríamos que pareciera
que habíamos cambiado el mundo con la película”
Alejandro Molina Bravo
Luis Piedrahita hace aparecer billetes de cien
euros de una tarjeta de crédito a petición de una
reportera de un canal de televisión. Es la rueda de prensa
posterior a la proyección de “La habitación
de Fermat”, su primera película como
director junto a su amigo Rodrigo Sopeña,
que también dirige con él el programa televisivo
de magia “Nada x aquí”.
Están acompañados por parte del reparto, a falta
de Federico Luppi y Lluís Homar: Elena
Ballesteros, Alejo Sauras y Santi Millán, que
plagó la rueda de prensa de bromas divertidas y capciosas.
También les acompañaba el productor de la película,
Miguel Monzón, encantado de contarnos
que la película ya ha encontrado distribución en
Inglaterra y Japón, tras su paso por festivales de cine
fantásticos (y los que quedan), una propuesta italiana
de adaptar el film al teatro; y, sobretodo, una oferta en firme
de una importante productora estadounidense para hacer el “remake”
americano. Los directores no disimulan su alegría al oír
estos elogios, teniendo en cuenta que su pretensión era
“hacer una película abarcable para los
dos”, una idea sencilla que presentar a una
productora y que encuentra su inspiración en las novelas
de Agatha Christie y en cintas como “La soga”o
“Crimen Perfecto”. Y no
se olvidan de la televisión: se han basado en la dirección
de series como “24” o “Perdidos”.
Tras la rueda de prensa, la entrevista. Nos sentamos con ellos
en el vestíbulo del cine Palafox de Madrid, en un sofá
y unas sillas. Han atendido a varios medios y empiezan a estar
cansados, pero la ilusión por su película les anima
a hablar, por lo que la entrevista adopta un tono cordial, para
acabar convertida en una animada conversación. En un momento
dado, Alejo Sauras se paseaba a espaldas de los directores para
cotillear, divertido, sus respuestas a nuestras preguntas.
Pregunta: Acostumbrados a los
monólogos de Luis, tan minimalistas, sorprende una película
como la vuestra, que da un poco al traste con esa imagen; ¿cómo
se os ocurrió dar este salto a la gran pantalla?
Luis Piedrahita: Bueno, las cosas pequeñas siempre han
sido… Bueno, la verdad es que los monólogos que siempre
los he hecho de temas de cosas pequeñas, pero bueno, por
buscar un estilo... La magia siempre la he hecho con cosas pequeñas.
Esta película, que sí que es más grande,
pero, bueno, la acción transcurre en una habitación
muy pequeña, así que algo hay ahí. (Le traen
una botella de agua con sabor a manzana) Muchas gracias. ¡Uy,
está helada!
Pregunta: ¿Y ese salto de
la televisión al cine?
Rodrigo Sopeña: Bueno, el
cine es una ilusión como la televisión. Lo que queríamos
era hacer una película que pudiera entrarle muy por los
ojos al productor, que nos dijera: “Bueno”,
y entonces… En este caso son cinco personajes dentro de
una habitación. Si hay un productor que no puede levantar
eso es que ya no puede levantar ningún proyecto. Nosotros
pensamos que cinco actores, una habitación, llenan un proyecto
con recursos limitados, y ya nuestro trabajo en el guión
sería, a esos recursos, sacarles todo el jugo posible.
Por eso hay muchas relaciones de personajes, los personajes que
hay todos ocultan algo, todos tienen un pasado que no quieren
contar y lo que hacemos es ponerles en una situación con
tanta presión física y presión psicológica,
ponerles en una situación tan tensa en la que se dan cuenta
que tienen que contar la verdad cada uno si quieren sobrevivir.
P.: Ha habido
un auge de un tiempo a esta parte de películas que se desarrollaban
en un pequeño escenario, sin grandes efectos especiales.
¿Creéis que a la gente le gusta este tipo de cine?
¿Habéis pensado en ello a la hora de hacer la película?
R.S.: Yo pienso que desde el momento que hay
efectos especiales que lo pueden recrear todo y que ya se puede
conseguir todo… En los años ochenta uno podía
ir al cine a ver una película de acción esperando
ver una historia; desde el momento en que en un anuncio lo pondemos
ver todo… Todo ese avance tecnológico de los efectos
especiales lleva a que el público lo que va a ver no sea
el guión, quizá sea esa la razón de que…
Pero, no olvidemos, que hay películas como “Terminator
2” que tienen grandes efectos especiales y
un grandísimo guión. Lo triste es cuando haces un
guión y tienes medios muy por debajo de lo que necesitas.
Nosotros hemos hecho una película modesta porque sabíamos
que en nuestra primera película íbamos a tener medios
modestos, pero tenemos los medios que necesita la película
para contar.
L.P.: Y lo que decías antes: el guión
es lo que levanta una película y los efectos especiales,
claro, la pueden hacer más grande. Queda ridículo
cuando pasa lo contrario, que es un mal guión grandilocuente,
y también queda muy mal lo otro, que es: con pocos medios,
mal guión, que también hay, películas malísimas
en una sola habitación. Lo que pasa es que claro, eso sí
que ya no lo recuerda nadie, pero te hago una lista, si quieres.
P.: Vosotros sois guionistas, principalmente,
y habéis dirigido por primera vez. ¿Creéis
que es lo deseable que un guionista tenga el control de su obra
o creéis que hay otros factores que influyen en ello, si
creéis que puede ser incluso perjudicial…?
L.P.: Esto es interesante. Yo creo que lo ideal
sería que cada uno hiciera lo que mejor sabe hacer. Que
el que mejor escribe, escriba; que el que mejor dirige, dirija.
Y eso pasa mucho en Estados Unidos. Aquí, en España…
Bueno, pasa en Estados Unidos porque el sistema es tan grande
que cuando uno escribe, escribe para millones de personas; cuando
uno dirige, dirige para millones de personas. En España
el mercado funciona de otra manera, y funciona más torpemente.
R.S.: La figura del director de encargo no existe.
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L.P.: Claro,
no existe. Y si quieres que dirijan en España un guión
tuyo tienes que llevarlo y espolear el proyecto, y es muy difícil
que encuentres a alguien tan ilusionado como tú, que lo
has escrito, para sacar el proyecto como tú, que escribes
la historia. Cosa que en Estados Unidos no pasa: uno escribe y
luego llega otro superilusionado y saca adelante ese guión
con la misma fuerza que el que lo escribió.
R.S.: En nuestro caso, ambos habíamos
vendido guiones de largometrajes a productoras, como guionistas
habíamos cumplido, teníamos nuestro contrato que
estaban de acuerdo y que tal, pero claro, si el proyecto se queda
ahí, ¿quién lo va a dirigir? Tampoco hay
un director que se encargue de dirigir algo o que se encargue
de leer esos guiones. Entonces el proyecto se queda encima de
la mesa y la verdad es que el director, el guionista-director,
es el único que sabe desde la primera letra que escribe
hasta que la peli se estrena en el último país del
mundo en el que se estrene, ¿no? Por eso, la verdad, es
que nos embarcamos en dirigirla porque otros proyectos anteriores
que habíamos escrito con la idea de no dirigir pues no
se habían llegado a hacer.
P.: Hay dos frases que me gustaría saber
de quién es la autoría: la de “La
presión puede convertir el polvo en carbón o en
diamante. ¿Eso es de Arquímedes? No, de MacGyver”.
R.S.: La verdad es que esa es de “MacGyver”,
de verdad. De la tercera temporada. Es más, te diría
que es del mejor capítulo de la tercera temporada. “MacGyver”
tiene una maravillosa primera temporada, maravillosa segunda temporada,
y en la tercera empieza a bajar el listón y al final hace
un invento por capítulo y ya es tremendo. Pero la tercera
temporada tiene un capítulo maravilloso y en ese capítulo
dice esa frase y es verdad.
L.P.: Y además es un capítulo que
tiene bastante que ver con “La habitación
de Fermat” porque habla de… Es un capítulo
de un concurso en una universidad, de sistemas de cerrar puertas
y no poder abrir; y es la historia de, bueno, de un niño
que su padre le exigía mucho y ahí está la
frase: “La presión puede convertir el
carbón en polvo o en diamante”.
P.: Y otra frase: “El mundo
está como estaba”, es una frase muy
buena para terminar una película.
R.S.: Porque la película tiene un perfil
modesto y no queríamos que al final pareciera…
L.P.: …que habíamos cambiado el
mundo con la película.
R.S.: La idea es… Ellos, los cuatro personajes,
han vivido una gran aventura, pero el mundo está como está.
Realmente esas personas no pasan a la historia de las matemáticas
ni… lo que han vivido es una experiencia miserable…
L.P.: Sí, sí.
R.S.: Bueno, no. No pongas eso. (Risas)
L.P.: Han vivido una experiencia que no es positiva.
R.S.: No han vivido una experiencia épica
como los “300”, no. Han
vivido una… (Se dirige a Piedrahita), como tú sueles
decir, una…
L.P.: Un truncado, un mal rollo. Porque además…
(Aquí Piedrahita describe la escena final, pero no es cuestión
de ponerla.)
P.: ¿Cómo ha sido la experiencia
de dirigir? Hemos oído que el rodaje fue bastante accidentado,
además sois principiantes y sois dos. ¿Con qué
dificultades os habéis encontrado?
R.S.: Bueno, ser dos es una ventaja.
L.P.: Es una ventaja. De hecho, no sabemos cómo
lo hace la gente que es una.
R.S.: Pues mira, lo primero que nosotros quisimos
es que la habitación disminuyera de verdad y que fuera
implacable. Sabíamos que visualmente la habitación
tenía que ser algo mortífero, pues no podía
ser el típico decorado de serie que todas las paredes se…
No, tenía que ser de verdad y estar cerrada de verdad.
Y claro, cuatro paredes móviles, que se mueven de verdad,
arrastrando trípodes, arrastrando toda la cacharrería
del cine: trípodes, micrófonos… pues claro,
era más complicado. Y cada vez que había que hacer
una toma nueva había que volver todo atrás: todos
los muebles atrás, todo otra vez y entonces era complicadísimo
repetir, rodar con dos cámaras… Claro, al final eso
son…, no sé, tres metros cuadrados, cuatro actores,
quince personas de equipo y fue algo muy duro. Pero como la película
es angustiosa y la idea es que están sufriendo mucho, ese
sufrimiento está integrado en la película, por tanto,
se transmite; en teoría.
P.: ¿Cómo definiríais el
género de esta película?
R.S.: Nosotros, si tuviéramos un videoclub,
la pondríamos en la estantería que pone “Misterio”.
L.P.: Aunque realmente es una peli de “acción
de interior”. (Risas.)
P.: Las matemáticas, obviamente, en la
película son muy importantes. ¿Esto lo habéis
tenido en cuenta como un elemento ya, a priori, terrorífico
para los españoles, que siempre estamos los últimos
en el ranking? Lo digo porque yo soy un hijo de la LOGSE, a las
matemáticas siempre les he tenido pavor, y nunca he sabido
lo que eran los números primos.
L.P.: Ah, pues… No. Nosotros somos de letras
puras también y no hace falta saber las matemáticas.
Las matemáticas no son importantes en la película,
son una excusa. Los personajes son matemáticos. Es como
si dices que son…
R.S.: …son cocineros…
L.P.: …como si dices que para entender
“Los Simpsons” hay que entender
de física nuclear. No. Homer trabaja en una central nuclear,
pero no hay que (pequeña risa), no hay que saber nada de
física nuclear para ver “Los Simpsons”.
Pues aquí las matemáticas simplemente es la profesión
de estos señores, luego los enigmas que se plantean no
son matemáticos y sí lo son los personajes y sus
personalidades, que son excéntricas.
R.S.: Los personajes de esta película
tienen que pasar de ser muy fríos al principio a muy pasionales
al final, y eso es una cosa común a otros matemáticos,
sobretodo a los grandes matemáticos que han pasado a la
Historia, pues muchos eran muy disciplinados pero también
tenían vidas muy tormentosas y es una de las razones por
las que escogimos… bueno, que nos fascinaron… El personaje
del matemático.
P.: Los detalles en esta película son
importantes, de hecho Luis tiene el título de “el
rey de las pequeñas cosas”…
L.P.: Sí.
P.: …por muy mal que suene…
L.P.: (risita.) Depende de lo sucios que tengas
los oídos. (Risas.)
P.: He visto detallitos. Por ejemplo, sale tu
libro. El del pijama.
L.P.: Sale el del pijama, el de “¿Cada
cuánto hay que echar a lavar un pijama?”,
sale el de los frutos secos también, el del cacahuete (“Un
cacahuete en una piscina, ¿sigue siendo un fruto seco?”),
sale el libro de Pablo Motos, sale la mano de Rodrigo colocando
los muebles…
R.S.: Sale… El cuadro que aparece en la
habitación es la portada de un libro de Agatha Christie,
el cuadro de una avispa y un avión, el único cuadro
que aparece en la película… Hay un montón
de referencias y también los attrezzistas pusieron cosas
que les gustaban, libros que les gustaban… Hay varios.
P.: Vuestra vinculación con la magia,
aunque decís que sois aficionados; pero tenéis un
programa de magia…
R.S.: Luis es campeón de España
de magia.
L.P.: Pero no me dedico profesionalmente a ello.
Nadie me puede contratar para que haga magia a sus hijos en una
comunión. (Risas.)
P.: ¿Vuestra afición ha ayudado
a la hora de escribir la trama, por eso de los engaños,
las ilusiones, para llegar al “prestigio”?
L.P.: Ayuda desde un punto de vista y es que
el gusto y la afición que nos ha llevado a investigar la
magia también nos ha llevado… Somos las mismas personas
con esos gustos, entonces… las trampas (las herramientas,
no las trampas), que se utilizan en la magia de enseñar
y ocultar una pista y que una cosa parezca algo y que luego realmente
sea otra cosa, y que todo tenga un doble significado, eso está
en la magia: hay una estructura muy de dirigir la atención
del espectador al lugar opuesto de donde está sucediendo
algo gordo, pero delante de tu mirada está también
lo que está sucediendo. Todo eso está en la magia
y está en esta película de suspense.
R.S.: Yo diría que el ingenio y la voluntad
de sorprender al espectador es un ingrediente que es común
para el humor, para la magia y para el misterio, el suspense.
“La habitación
de Fermat” se estrena el viernes 16 de Noviembre
en los mejores cines (“y en algunos de los peores”,
en palabras de Luis Piedrahita.)
Agradecimientos a Lucía
Tello y a Andrés León, por su simpatía y
sus preguntas.
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