. . Año V

   

SUBNORMALES, PUTAS Y CANCIONES DE AMOR
Gerard A. Cassadó
El 30 de noviembre se estrena en España “Canciones de amor en Lolita’s Club”, vigésimo-cuarto y hasta la fecha último largometraje de Vicente Aranda, uno de los pocos supervivientes de la disipada Escuela de Barcelona que en los años 60, y a causa de la censura, acercó el cine español a la Nouvelle Vague francesa, con films de vago contenido y enfatizada belleza estética. Aranda, estandarte de aquella generación, ha sabido adaptar su cine en cada momento a las circunstancias de la época, convirtiéndose en un director puntual a su cita periódica con el espectador. Combinación de vanguardia y comercialidad, su cine se caracteriza por mostrar pasiones frenéticas que abordan a los personajes a vivir explosivas relaciones sexuales que casi siempre terminan en tragedia.

Los tres últimos films de Aranda habían sido películas de época. Ahora, y gracias a un encargo del productor Andrés Vicente Gómez, el director barcelonés regresa al presente para adaptar la novela homónima de Juan Marsé, otro de los referentes del cine de Aranda. Este regreso a la actualidad ha ofrecido a Aranda “la posibilidad de experimentar”. Hemos estado con el director y el reparto del film en la rueda de prensa que se realizó en el Hotel Me de Madrid en motivo del preestreno para la prensa de la película.

Canciones de amor en Lolita’s Club” es, en palabras de su director “una película sobre dos subnormalidades: la subnormalidad intelectual y la subnormalidad emocional”. Eduardo Noriega interpreta a dos hermanos gemelos con dos carencias evidentes: Raúl es un policía autodestructivo y alcohólico incapaz de amar; su hermano Valentín es disminuido mental, pese a lo cual es una persona entrañable que se gana el cariño y la simpatía de todo el que le rodea. Pese a la complejidad de ambos personajes, Noriega afirmó que “Valentín está mucho más cerca de mí y apareció de manera natural”, mientras que el actor santanderino tuvo muchos más problemas para caracterizar a Raúl. En palabras de Aranda, “para un actor es terriblemente difícil odiarse a sí mismo”, algo que exigía la interpretación de un personaje que detesta todo lo que le rodea, desprecia con especial acento a la mujer y tan solo siente algo de apego hacia su hermano. Noriega pidió al director rodar primero el personaje de Raúl y luego el de Valentín para salvaguardar “mi salud mental y la de los personajes”.

Para Aranda, director que coloca la cámara allí donde el pensamiento de los personajes la requiere, el personaje de Valentín implicaba una enorme dificultad: “Como Valentín no piensa, me resultaba muy difícil saber dónde debía colocar la cámara. Al final entendí que Valentín pensaba como las canciones de amor que escuchaba en el club, canciones con letras enormemente idiotas pero que reflejaban el pensamiento inocente del personaje”. El director se mostró tremendamente encantado con la disponibilidad de los actores, que llegaron al rodaje con su personaje muy cocinado. A Flora Martínez, que interpreta a Milena, una de las prostitutas del Lolita’s Club que ha enamorada perdidamente a Valentín, Aranda le dio unas instrucciones muy precisas: “piensa que Rosario Tijeras ha llegado a España para trabajar en un club de alterne”. Sin embargo la actriz se negó a interpretar al mismo personaje (el de “Rosario Tijeras”, film colombiano nominado al Goya a la mejor película hispanoamericana que dio a conocer a la actriz en nuestro país) y creó una Milena mucho menos dura y mala de lo que lo había sido su anterior interpretación.

Para abordar el mundo de la prostitución, escenario de la película, Aranda realizó una investigación para conocer a qué se enfrentaba. Los conocimientos y vivencias que extrajo de esta experiencia darían pie a realizar un documental (como él mismo reconoció). Sin embargo, el director barcelonés ha decidido tratar el tema sin tomar parte en el asunto, limitándose solo a reflejar una información elemental: “si comprobaba que en los puti-clubs había un comedor, en el Lolita’s Club también debía haberlo; si observé cajeros automáticos o que la gente que allí trabajaba no tenía ninguna intención de regresar a sus pueblos, todo ello debía quedar reflejado en el film”. Algunas de las actrices también prepararon sus personajes en clubes de alterne, como Flora Martínez, a quien los clientes llegaban a confundir con las empleadas del local. El apunte simpático de la rueda de prensa lo protagonizó la menor Irene Escolar al afirmar “yo también intenté prepararme mi personaje en un puti-club, pero no me dejaron entrar”.


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