. . Año VI |
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Propuestas
tramposas de los populares Todo vale para el convento. Cuando se trata de hacer una oposición sin complejos al PP no le gana nadie. Veámos algunos ejemplos. Receta contra la inflación: intervenir en los canales de distribución --concepto muy liberal, quizás inspirado por el gestor de Mercantander que dejó que le birlarsen un millón de euros y ahí sigue-- y hacer más viviendas sociales (¿en La Remonta?). Receta contra las listas de espera: que las reduzcan los que ayudaron a hacerlas interminables. Trampas de tramposos. Son propuestas que encierran trampas o directamente tramposas las practicadas por una oposición que un día exige al Gobierno que intervenga en las empresas en crisis y otras niega al Ejecutivo la posibilidad de participar accionarialmente o incentivando operaciones empresariales. Es el caso de GFB o de SEOP, estrellas del debate parlamentario sin comerlo ni beberlo. Está por ver si el PP es tan diligente en activar los resortes parlamentarios cuando las empresas en crisis le sean más cercanas, bien por afinidad personal, bien por cercanía política. Caso paradigmático del todo vale de la oposición pepera es el que nos ofreció este fin de semana el diputado y ex consejero Juan Antonio Cagigas con sus criticas a la consejería de Educación por plantear recortar una hora la carga lectiva de la asignatura de la Historia de España en segundo curso de Bachillerato. Dos folios de apretada prosa en un comunicado cuyo principal objetivo es zurrarle la badana al Gobierno. Pero ni una sola línea para recordar que si se la consejera Rosa Eva Díaz Tezanos acepta la propuesta será a costa de dejar fuera del horario lectivo la asignatura de religión. Algo que se compadece mal con la propuesta de los populares de hacer de la Religión Católica asignatura obligatoria y con nota como pretenció el Gobierno de Aznar. Pero este es el PP que nos toca sufrir a los cántabros. Y no es licencia de articulista. Las propuestas de Ignacio Diego y su camarilla afectan, o al menos lo intentan, a la vida y hacienda de los ciudadanos. No es sólo que su propuesta para reducir la inflación vaya en contra del pensamiento liberal que dicen defender, es que, además, podría provocar más problemas de los que pretende solucionar. Intervenir en los proceso de distribución de alimentos para, dicen, reducir los precios es entrar a saco en un sector, el del transporte y comercialización, que genera cientos de puestos de trabajo y que, mientras no se demuestre lo contrario no son principales responsables del proceso inflacionista en curso. En todo caso, y si algo tuvieran que ver, que se negocie y dialogue como recientemente proponía el presidente del Gobierno, Miguel Ángel Revilla, y el consejero de Ganadería, Jesús Oria, con respecto al precio de la leche. Negociación y diálogo entre las partes, sí. El Gobierno sugiere, facilita e invita, pero no interviene. En China, quizás, pero no en la Europa comunitaria. Pero es que, además, cuando el PP interviene en la gestión de la comercialización de productos perecedores, como es el caso de Mercasantander, terminan produciéndose hechos como el desfalco de un millón de euros, asunto todavía pendiente de aclarar y que afecta a un ex alto dirigente del PP, Juan José Fernández, que llegó a ser consejero de Hacienda. Por tanto, lecciones y propuestas en esa materia, las justas. La derecha en Cantabria es liberal de boquilla. Sólo cuando le interesa. Y cuando le interesa hacer sangre, pues medidas antiinflación, como el abaratamiento del precio de la vivienda mediante la construcción de VPO, pasan a un segundo plano. No se puede proponer hoy construir viviendas sociales para frenar el avance de los precios, y un día después retrasar con arteras y filibusteras actuaciones, como las del alcalde de Santander, el popular Iñigo de la Serna, que se construyan las 1.300 VPO de La Remonta o medio millar en una parcela propiedad de la consejería de Obras Públicas en el Campón (Peñacastillo). Pero en el capítulo de las propuestas con trampa merece espeial atencióin la relativa a listas de espera en la sanidad pública realizada por la diputada jabalí --para que no se me enfade aclaro que estoy utilizando el termino acuñado para designar en el siglo XIX a los parlamentarios más bulliciosos-- María José Sáenz de Buruaga. Las listas de espera en el Servicio Cántabro de Salud tienen razones de fondo, estructurales y circunstanciales. El incremento de la demanda de prestaciones sanitarias y el aumento en el número de personas con derecho a recibirlas, va por delante de la capacidad de la sanidad pública para afrontar esa nueva realidad. En el caso de Cantabria a ese problema general se une la situación particular del Hospital Valdecilla, reconstruyéndose mientras prosigue su actividad asistencial, y la larga huelga de médicos convocada el pasado año por un sindicato, que la hizo coincidir con las elecciones autonómicas y municipales. De hacer un nuevo Valdecilla en Valdecilla y de la huelga de médicos el PP tiene bastante que ver. En el primer caso, y frente a la opción de trasladar Vadecilla a otro emplazamiento tras el derrumbe de la fachada norte, el entonces Gobierno del PP, presidido por José Joaquín Martínez Sieso, fue quien defendió dejar el hospital donde estaba. Bien es verdad que lo hizo, como con casi todos los temas polémicos durante el ejecutivo de Sieso, presionado por una campaña de prensa cuyo origen y propósitos ocultos nunca fueron desvelados. En realidad Valdecilla sigue donde está porque El Diario Montañés lo quiso así, dando albergue a opiniones, cartas al director y encuestas múltiples favorables a dicha decisión, sin que la voz de los que planteaban otras salidas, por ejemplo llevar el hospital a la finca de La Remonta, tuvieran la misma posibilidad de expresarse y defender sus planteamientos. En cuanto a la huelga convocada por el Sindicato Médico, es más que evidente la sintonía entre los argumentos del conflicto y los manejados en la campaña electoral por el PP. Posición política contra la sanidad pública de forma encubierta y contra la gestión del Gobierno PSOE-PRC de manera clara y abierta. Durante meses se suspendieron miles de intervenciones no urgentes, lo cual explica en parte la dimensión actual de las listas de espera. Pero el PP no sólo crea el problema, que incluso a veces llega a inventarse, sino que cuando el Gobierno intenta solucionarlo pone todo de su parte para impedirlo. Si en esos momentos las listas de espera no se han reducido es porque cada vez que se han intentado poner en marcha medidas para afrontar el problema el PP unas veces, sus terminales mediáticas y sindicales otras, lo han boicoteado. La pregunta del millón es cómo es posible que el PP no quiere que los cántabros puedan operarse en tiempo razonable de la cadera o de cataratas. No quiero creer que eso pueda así, pero si parece claro que intenta utilizar el debate sobre las listas de espera para chantajear al Gobierno y obligarle a contratar para reducirlas a los que provocaron su aumento. La última propuesta de Sáenz de Buruaga es clara como el agua: que todas las intervenciones de choque para reducir las listas de espera se encarguen con prioridad a hospitales de Cantabria. Y como en nuestra Comunidad Autónoma el único hospital no público con capacidad para llevar a cabo ese trabajo es Mompía, ya esta claro quienes son los que va a recibir ingresos millonarios de la Administración por operar a pacientes en espera. Les recuerdo que al frente de Mompía están los máximos dirigentes del Sindicato Médico, el que convocó la huelga de hace un año. Blanco y en botella … |
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