. . Año VII

 

Los chicos del calendario
Víctor GIJÓN

Frente a los objetivos, los plazos. La derecha, mediática y política, ha decidido renunciar a sus propios objetivos y centrarse en los tiempos, en el control temporal de lo que hacen lo demás. Es la mejor forma de no gastar materia gris ni someter a la controversia programas propios. El PP, con el apoyo de sus medios de comunicación, propios o asimilados, acude al debate sobre el Estado de la región con plazos en lugar de un proyecto político. Son los chicos del calendario

Los plazos son importantes pero más lo son los objetivos. Que Cantabria queremos, cuál es el proyecto económico y social que deseamos para nuestra comunidad autónoma y qué acciones se proponer para alcanzar esos objetivos, son los asuntos que de verdad importan. En el debate sobre la orientación política del Gobierno, éste debe presentar balance de lo hecho, certificando el cumplimiento del programa de investidura en la parte que corresponde al tiempo transcurrido de legislatura, y avanzando actuaciones de futuro. La oposición debe y puede criticar lo hecho, exigir que se haga lo prometido y no realizado, pero también está obligada a proponer alternativas. Acortar los plazos de un listado de obras que cuando pudieron ni hicieron ni planificaron es mero oportunismo.

Que el Tren de Alta Velocidad con Madrid es bueno para Cantabria nadie lo discute. Otra cuestión es si se coloca en la balanza lo que cuesta hacer unos poco kilómetros para que en lugar de tardar tres horas y media a Madrid, nos ahorremos media hora. A lo mejor entonces habría más partidarios de destinar la milmillonaria inversión a otros menesteres con más capacidad de cambiar nuestro futuro. La política de comparaciones en materia de infraestructuras es tramposa y demagógica. Cada Comunidad Autónoma, cada provincia o ciudad debe optar por los que necesita, no por lo que tiene su vecina.

Pongamos el caso de nuestras comunicaciones con Madrid. En este año quedará concluida la autovía a la Meseta que pone a tiro de piedra las principales ciudades de Castilla y la capital de España. Menos de cuatro horas para ir a Madrid en coche o en un medio de transporte público (autobús), tiempo muy parecido al que se tarda en tren actualmente. La finalización de los tramos castellanos del TAV aún acortará más el tiempo de recorrido. Habrá por tanto una real competencia entre tren y carretera. ¿Para transportar qué? Pasajeros, principalmente. Nuestro comercio, el de nuestras empresas, mira más hacia Europa y el Mediterráneo, donde el TAV a Bilbao y la Autovía Dos Mares jugarán un papel determinante.

Pero dejemos el debate sobre la prioridades, aunque sería un interesante debate que me temo no se dará este lunes en el Parlamento. El PP y su cla mediática quieren que se haga todo ya. En primer lugar todo aquello que ellos obviaron durante la dos décadas en que gobernaron en Cantabria. Cuando la derecha afirma que se ha retrasado el TAV seis años, porque ellos lo dejaron encarrilado, se están refiriendo al papel que Álvarez Cascos se sacó de la manga en el último cuarto de hora antes de las elecciones de 2003 para intentar arañar unos cuantos votos. Para la derecha que en 20 años ni cambió una piedra en el Puerto de Santander, que no movió ni un ladrillo en La Remonta o que dejó que Castilla-Hermida siguiese creciendo descontroladamente sin proponerse retirar ni un solo rail de la playa ferroviaria de FEVE y RENFE, un retraso de meses en estas obras se presenta como un grave incumplimiento.

Pero es que además el PP pide por un lado y pone zancadillas por el otro. El caso más flagrante son los proyectos para Santander, donde el PP siempre ha encontrado alguna razón para enredar y retrasar. Pero es que en otros casos, pongamos que hablo de la autovía Dos Mares, la actuación de los populares es todavía más miserable. Aquí ponen por delante a grupos presuntamente ecologistas, creados ad hoc y sobre la marcha, para intentar parar lo que no se atreven a criticar públicamente. Es más, si al final lograsen retrasar algunas de esas obras, no dudarían en echarle la culpa de ello al Gobierno.

El ejemplo más claro de marrullería política practicada por el PP es del Plan Eólico regional. Hay que agradecer de todas formas al líder regional del PP, Ignacio Diego, su claridad expositiva a la hora de descubrir el juego que se traen entre manos los populares. Su oposición frontal al Plan del Gobierno no deja lugar a dudas. Pero quizás por ser una postura difícilmente defendible, tanto desde el punto de vista energético, como medioambiental, empresarial y de desarrollo de Cantabria, su periódico afín, El Diario Montañés, obvia editorialmente este domingo esa oposición, que endosa exclusivamente a los ecologistas.

Es cierto que ha sido un grupo ecologista el primero en poner el grito en el cielo por el Plan Eólico. Pero Diego utilizó los mismos argumentos para oponerse. El Diario no cita al PP y carga contra los ecologistas. Y es que nadie con dos dedos de frente puede oponerse --otra cuestión es debatir para mejorar el plan-- a que Cantabria se suba al tren de las energías renovables. Pero la oposición ecologista tendría efectos irrelevantes sino hubiera contado con el altavoz mediático y parlamentario del PP. Es a éste partido al que hay que pedir responsabilidades por su irresponsabilidad. Y deberán pedírselas los ciudadanos en las urnas. Por ello el diario citado oculta que el PP es, a día de hoy, el principal detractor de un proyecto que supondrá la creación de cientos de puestos de trabajo, desarrollo de proyectos de I+D+i en la Universidad de Cantabria, instalación de nuevas empresas e inversiones privadas superiores a los 3.000 millones de euros, todo ello en los próximos cinco años.

El Gobierno regional se enfrenta este lunes y martes a un debate de la región donde la oposición quiere debatir de plazos y el debe hablar de proyectos. Cantabria puede salir antes de la crisis --no lo digo yo, lo afirmó Emilio Botín ante la Junta de Accionistas del Santander-- porque esta poniendo los medios para ello. El desarrollo del Plan Eólico, las inversiones del Gobierno de la Nación en materia de infraestructuras en la capital –reunificación de la estaciones, recuperación del frente marítimo, viviendas de la Remonta--, y en la región –TAV a Madrid y Bilbao, autovía Dos Mares, Ronda de la Bahía, autovía del Cantábrico, de la Meseta, etcétera--, sin olvidar importantes proyectos regionales, como el Hospital Valdecilla o la autovía del agua, son millones de euros que se invierten en una comunidad de tan solo medio millón de habitantes.

Solo veo un peligro para no llegar a buen puerto. Que el Gobierno, que los partidos políticos que forman coalición, regionalistas y socialistas, se enreden en polémicas estériles con la oposición. El PP intenta marcar la agenda política con descalificaciones y falsas denuncias sobre corrupción con las que intenta tapar sus problemas en esa materia (caso Bárcenas). Los populares intentan por todos los medio embarrar el campo para que no se note lo mal que juegan y se descubran sus trampas. Y también intenta, por si hay suerte, provocar el enfrentamiento entre los socios de la coalición. Objetivo sin futuro para lo que queda de legislatura, por mucho que encuentre apoyos inesperados entre una ínfima minoría de militantes de los dos partidos coaligados.

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