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Asociaciones de vecinos manipuladas
V.G.
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De un tiempo a esta parte cada vez que
el Ayuntamiento de Santander inicia una polémica
con una otra administración, intenta imponer unos
de sus proyectos o plantea demandas imposibles, surge una
asociación vecinal sin dirigentes con nombres y apellidos
que brinda su total e incondicional apoyo. No es casualidad
sino el trabajo esforzado de un peón de brega aplicado,
llamado Santiago Recio. Este concejal ha
reinventado la estrategia que puso en marcha Juan
Hormaechea cuando gobernaba Santander como si fuera
el patio de su casa. Los movimientos vecinales, nacidos
a lo largo de la década de los años sesenta,
tenían por objeto mejorar la vida de los residentes
en barrios abandonados por alcaldes-jefes locales del Movimiento,
demasiado ocupados en agradar al Gobernador Civil de turno,
del que dependía su permanencia en el cargo, como
para preocuparse por el bienestar de los ciudadanos. Que
en las postrimerías del franquismo un tercio de los
concejales fueran elegidos por el llamado tercio familiar
--los otros dos correspondían al Movimiento (partido
único) y al sindicato (también único)--,
no cambió sustancialmente el escenario. Todos tenían
su origen en el poder y todos se sometían al poder.
Con la llegada de la democracia y la celebración
de las primeras elecciones municipales libres buena parte
de los dirigentes vecinales terminaron de concejales. En
Santander, donde el movimiento vecinal era insignificante,
comparado por ejemplo con Torrelavega, fue la derecha quien
puso en marcha organizaciones vecinales a su medida. No
hace mucho Piñeiro llamó
en su ayuda a Carrancio, invento de Hormaechea
para manejar el movimiento vecinal. Pues bien, Recio sigue
el camino marcado por sus mayores. En Castilla Hermida y
en Campogiro surgen asociaciones que de inmediato son invitadas
al Ayuntamiento mientras las que llevan años de trabajo
están deliberadamente ignoradas. Es una burda maniobra
de manipulación de la opinión pública,
pero, sobre todo, es un intento de subvertir el libre debate
democrático. Ganar las elecciones no justifica que
se gaste el dinero público en subvencionar a grupos
de palmeros para mayor honra y gloria de quien manda. (17
de marzo de 2008)