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Se
esfumó
Alberto IBÁÑEZ
El
dinero tiene la capacidad de esfumarse y ninguna ley económica
puede establecer por qué. La misma inmobiliaria
que hace seis meses valía 10.000 millones de euros, ahora
puede adquirirse por 1.000 y la única explicación
que podrían dar tanto un experto como un lego es la diferencia
de expectativas de negocio. ¿Pero pueden valer las expectativas
nueve veces más que el valor intrínseco de una empresa?
Seguramente, no, pero es inútil tomarse la molestia de
medir si un pastel vale lo que vale, lo mismo para todos, o vale
en función del deseo de comérselo que tenga cada
persona y en cada momento. No merece la pena el trabajo porque
el precio lo pone mercado. En el caso de los pasteles, el mercado
no se toma muchas molestias, y el precio casi siempre es el mismo,
pero en otras ocasiones es mucho más imaginativo y volátil.
Lo curioso es que ocurra en sectores maduros, como el inmobiliario,
donde todo debiera estar ya muy cuantificado.
El mismo mercado
del ladrillo que convirtió en magnates
oficiales a ocho españoles hace un año, al incluirlos
en la lista de los más ricos del mundo, acaba de mandar
al ostracismo a la mayoría de ellos.
Cualquiera se preguntaría
qué pasó con su dinero y no hay una respuesta fácil.
Simplemente, se esfumó. Con las mismas volutas de humo
con que crecía a medida que sus inmobiliarias adquirían
otras más grandes, ha desaparecido y el único rastro
que ha dejado está en un puñado de edificios, solares
en construcción y otros sin urbanizar que no valen, ni
mucho menos, lo que valía la compañía y ni
siquiera el dinero que prestaron los bancos cuando medían
la ola por la altura de la espuma.
El ladrillo ha sido el negocio
de lo que llevamos de siglo. Desde el promotor de una docena de
viviendas hasta las grandes inmobiliarias, todos se han mecido
en la ola de la especulación, incluidos los bancos, los
propietarios de suelo y muchos de los compradores. Pero, con todo,
el mayor negocio no era adquirir pisos ni promoverlos, sino comprar
promotoras. Algunas inmobiliarias se convirtieron por esta vía
en auténticas aspiradoras de las plusvalías que
se generaban en los escalones inferiores hasta que su propia aspiración
se las ha tragado. Ahora, a esperar al siguiente ciclo, donde
volveremos a ver lo mismo, pero con otros protagonistas.
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