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El fin de un modelo
Alberto IBÁÑEZ
Pese a todo lo que se ha dicho, la economía española cabalgaba al galope a lomos de un caballo alimentado con dinero abundante y mano de obra barata, ambos llegados del exterior, aunque de lugares distintos. Todo lo demás (vivienda, demanda interna, productividad...) eran meras consecuencias de estos dos factores que probablemente no se volverán a juntar en muchos años. El dinero, que sobraba en toda Europa, ha dejado de sobrar, y a medida que vencen los plazos, lo que vino se vuelve a casa, obligando a nuestros bancos a devolverlo con parecido esfuerzo al que hacen los hipotecados ciudadanos de la calle para retornárselo a ellos.
Casi nadie es consciente de lo que significa tener estabilidad política o un régimen garantista, pero es mucho más importante que tener materias primas o una paz social impuesta manu militari. A pesar de la crispación social interna de la pasada legislatura, en la que la mitad de los españoles pensaban de buena fe que el país se rompía o que en la lucha contra el terrorismo no solo no se avanzaba, sino que se retrocedía, el dinero llegaba a España a raudales y los inmigrantes también. Lo que pensaban los extranjeros de España no parecía tener mucho que ver con lo que pensaba una parte muy significativa de los nativos del país y no deja de resultar paradójico que tuviesen más confianza en nosotros que nosotros mismos, pero así de sorprendente es la vida.
La crisis ha cambiado este escenario y ya no llegará el dinero a espuertas ni los inmigrantes en la misma proporción, pero es evidente que la solución de una buena parte de nuestros problemas está en el exterior. Si EE UU se recupera, Europa se recuperará y si se recupera Europa, España saldrá de este marasmo, pero no es fácil saber cuándo rebotará ni con qué fuerza, porque una cosa es dejar de caer y otra muy distinta que retornen las grandes oleadas de dinero. Llegarán, porque España seguirá ofreciendo confianza como país, pero probablemente en menor cuantía, porque ya nadie está para excesos, al menos durante un tiempo. Ya sabemos que de las crisis se sale escarmentados... hasta la siguiente, porque la memoria es flaca; las ansias de ganar dinero, muchas; y las cautelas siempre limitadas. |