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Mecano
Cayo MARTÍN
FRANCO
Hoy me he levantado cantarín
y he vuelto a escuchar las canciones de uno de los grupos más
importantes del panorama musical español, el que componían
Ana Torroja y los hermanos Cano,
más conocido como Mecano.
Una de las baladas más hermosas, y que en su momento levantó
ampollas entre la clase conservadora, tenía el sugerente
título de “Mujer
contra mujer”.
Y me viene como anillo al dedo
dicho título para expresar desde estas líneas el
fratricida enfrentamiento político dentro del PSOE
cántabro entre dos mujeres, Lola
Gorostiaga y Blanca Rosa, vicepresidenta
del gobierno una y alcaldesa de Torrelavega la otra, secretaria
general del partido una y presidenta del mismo la otra. Ambas
competirán en el próximo congreso por dirigir el
rumbo de ese mecano en que se ha convertido el PSOE cántabro,
formado por diferentes piezas que no dan la impresión de
figura alguna. Lo comentó la propia noche de la debacle
electoral autonómica mi contertulio Juan Guimerans,
postulante igualmente a candidato a la secretaría general.
El partido tenía que reflexionar, tenía que recomponerse,
en otras palabras, había que juntar
las piezas del mecano y crear un nuevo producto
que ilusionara al socialismo cántabro y a la sociedad.
Llegaron los pactos postelectorales
y Torrelavega fue el caballo de batalla de los acuerdos del PSOE
con el PRC. Marcano, a quienes en muchos mentideros
se le da como seguro sucesor de Revilla, y Blanca
Rosa, presidenta del PSOE cántabro, dejaron constancia
de su desencuentro. Desde la tertulia
de la rosa, no sé si en alusión
al símbolo socialista o a Rosa Inés García,
dirigente de la asociación socialista de Santander, empezaron
a surgir las primeras críticas contra la política
interna y de nombramientos de consejeros que llevaba a cabo Lola
Gorostiaga. Primero, de forma velada, luego, en petit comité,
y finalmente, vox populi. Por ello, cuando Blanca Rosa dio el
paso adelante y presentó en los medios de comunicación
su candidatura, las piezas del mecano de la calle
Bonifaz empezaron a salir del aletargamiento en
que se encontraban y de la autocomplaciencia y a mirar con inquietud
el futuro.
Es bueno para el socialismo cántabro
la llegada de nuevas ideas y la revalorización de sus militantes
de toda la vida. Es bueno un partido
socialista fuerte, con un ideal claro que vaya
más allá de la simple consecución del poder
y de la búsqueda de formas para mantenerse en él.
Y lo que es bueno para el socialismo cántabro, es bueno
para Cantabria.
No me corresponde a mí manifestarme
sobre las dos candidatas. Cada una de ellas tiene sus cualidades.
Sin embargo, siempre visto desde fuera, da la sensación
que Lola Gorostiaga ha hecho una simbiosis entre gobierno y partido,
que no es lo mismo que entre partido y gobierno. Muchos militantes
socialistas no estaban de acuerdo con la forma en que se gobernaban
ciertas consejerías, y no se atrevían a denunciarlo.
Y es que, como dijo Alfonso Guerra,
“el que se menea no sale
en la foto”. Pero es que Blanca Rosa
es mucha Blanca Rosa y no hay fotógrafo en el PSOE cántabro
capaz de dejarla fuera de la instantánea.
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