. . Año III

EL VENTANUCO

El parking de la Alameda II
Carlos MAGDALENA MENCHACA

Después de pasar mis habituales fiestas navideñas en el Val Dáran venia con ganas de decir cosas, ideas, pero abro el DM y me encuentro con una noticia agradable.¡Por fin¡. El alcalde, nuestro alcalde, ha escuchado a los vecinos y a los que nos hemos expresado por activa y pasiva y ha decidido olvidarse de la calle Vargas, del parking y buscar otra pieza.

Me alegro y desde aquí felicito al alcalde, por mudar de opinión, aunque haya sido necesario, colgar sabanas, escribir mucho y manifestarse también .Así no. Ahora esperemos que desde la Autoridad Portuaria se tome buena nota y Don Javier me diga al oído “algo agradable” en relación a la Lonja.

Pero nuestro comentario va mas allá de felicitaciones, porque en esta “vuelta atrás” hay un algo mas que se debe tener en cuenta y es que son muchas, yo diría demasiadas, las veces que nuestros actuales representantes “patrimonializan nuestro voto, lo convierten en cautivo y con éste hacen y deshacen a su gusto y no al nuestro”.

Lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, incluida la santanderina, es que los representantes cuando les encumbramos en el sillón político con coche y banderín incluidos, se creen divinizados o tocados por la “paloma” y se olvidan de sus orígenes, ¡ninguno¡.salvo la legitimación que les da las urnas que luego olvidan. Pero es que también los ciudadanos muchas veces pasamos de los políticos, sobre todo de aquellos que se inventan problemas para estar entretenidos o justificar “su sitial” y que “a los de la boina” nos importan un comino.

Me gustaría que esta revocación, de una decisión que fue adoptada en un Pleno “de los de mayoría absoluta” por los ediles de la Casona, no sea necesario que se vuelva a repetir, porque ello significará que han atendido a sus representados. La mayoría absoluta de un partido no es para imponerse prepotentemente y el/los que a eso aspire/n, miedo me dan, porque aunque se tenga esa mayoría democrática hay que saber respetarla. Prefiero las minorías mayoritarias para intentar convencer con argumentos y desde la razón para conseguir la convivencia. Pero lo que de verdad ocurre es que algunos políticos cuando ejercen de tales se vuelven “finolis” hasta en la expresión oral, guturalizando ésta, mediante frases ininteligibles porque de esa manera al no entendérseles, creen, ¡los pobres¡ que ocultan sus carencias. En definitiva bienvenida la modificación de una decisión errónea adoptada contra los vecinos y ciudadanos.

Pero sobre todo un ¡Viva¡ porque la vieja Alameda siga en su sitio con sus bancos de la historia a la sombra de sus viejos árboles”.


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