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Cantabria,
una autonomía por decisión popular
Eduardo MERINO
A diferencia de todas las demás
Comunidades Autónomas que accedieron por la vía
del art. 143 de la Constitución a disponer de Estatuto
de Autonomía, en Cantabria se alcanzó este Derecho
por presión popular, refrendada posteriormente por acuerdos
plenarios en más del 95 % de los 102 Ayuntamientos que
componen nuestra Comunidad Histórica.
No fue fácil acceder a la
autonomía. La autonomía no fue un regalo. Fue una
DECISIÓN popular. Y eso, que en aquellos años, sectores
de la oligarquía y nostálgicos del anterior régimen
de la sociedad Santanderina, crearon la "Asociación
Cantabria en Castilla" (ACECA), al objeto
de crear división entre los propios Cántabros, para
que el entonces Ministro para las Regiones no viera unidad de
criterios con respecto al tema regional y paralizar el proceso
autonómico de Cantabria. Los promotores de esta Asociación,
durante numerosas semanas publicaron bastantes adhesiones, que
en ocasiones, estaban engrosadas con elementos marcadamente autonomistas,
lo cual incidió en la falta de credibilidad de aquellas
listas.
Aquel ministro, Clavero
Arévalo, supo aprovechar esta situación,
alegando la no homogeneidad de la postura en favor de la autonomía
uniprovincial, dejando a Cantabria en un callejón sin salida
e implicando la solución de la cuestión autonómica
a las elecciones municipales. Tras las cuales, en Cabezón
de la Sal se inició el proceso de pronunciamientos favorables
a la autonomía uniprovincial de Cantabria como entidad
histórica regional diferenciada dentro del Estado Español.
El articulista e Hispanista, D.
Carlos Lopez Portilla, en la Hoja del Lunes de fecha
28 de agosto de 1.979 hizo una interpretación certera de
las intenciones de esta Asociación:
"De
la relación de componentes de la misma extraemos que no
se trata, en realidad sino de varias decenas de conocidos oligarcas,
residentes en la capital de Cantabria. El resto de los firmantes
(una simple lectura de apellidos nos lo prueba) se encuentra integrado
por familias de los mismos en unos casos, o por estómagos
agradecidos en otros (...)No tendría mayor trascendencia
el hecho de que los partidarios de Castilla en nuestra Región
se agruparan, (...) a no ser que ese puñado de dirigentes
no representara "casualmente la elite de los negocios, los
conocidos navieros y consignatarios, los propietarios e industriales
de grandes almacenes, los funcionarios dependientes de Madrid
y los eternos caciques de entidades culturales por designación
digital".
Hasta hace muy pocos años,
nuestro Estatuto de Autonomía ha estado tutelado y lastrado,
sin apenas competencias, ni recursos que gestionar. Teníamos
una autonomía (¿?) muy limitada. Baste como ejemplo,
que el Gobierno de D. Juan Hormaechea, gestionó
un presupuesto que no llegaba a los 30.000 millones de las antiguas
pesetas (180 millones de euros), aproximadamente, y el Gobierno
de Cantabria en el año 2003 gestionó aproximadamente
275.000 millones de las antiguas pesetas (1.620 millones de euros).
De hecho, hasta hace pocos años, el art.58 del Estatuto,
disponía de la posibilidad de que Cantabria se integrara
en otra Comunidad limítrofe. Ese articulo fue excluido
del Estatuto de Autonomía en la última reforma del
mismo en el año 1.998, además, fueron asumidas mayores
cotas de autonomía. A partir de aquí, es cuando
se puede afirmar, que existen ciertas dosis de autonomía
en Cantabria.
La diferencia entre ser una comunidad
autónoma y ser una provincia de Castilla u otra región
es sustancial: perdemos identidad, perdemos nuestra capacidad
de decidir y perdemos presupuesto (hasta casi diez veces menos
del actual presupuesto). Ser provincia de castilla u otra región,
significaría por poner dos ejemplos significativos, volver
a realizar los recursos judiciales en Burgos u otra localidad
de comunidad vecina, con sus correspondientes costes para el ciudadano
de Cantabria o que Valdecilla deje de ser referencia nacional
para pasar a ser hospital provincial por decisión del gobierno
regional al que nos hayamos adherido (téngase en cuenta
que nuestro estatuto de autonomía dispone sobre la singularidad
de “hospital de referencia”),
con ello, además de perder poder de decisión, se
pierde influencia, recursos económicos y volumen de la
economía local, como consecuencia de la reducción
de funcionarios y empleados públicos y de instancias regionales
(que son el mayor motor de la economía de la ciudad de
Santander). Casi nada.
Después de casi veinticinco
años, vuelven aquellos sectores de la oligarquía,
de los estómagos agradecidos, de los funcionarios dependientes
y de ciertos ciudadanos con "DNI"
de provincias Castellanas limítrofes y de provincias no
tan limítrofes (personas que han venido a ocupar un puesto
de trabajo en Cantabria), creando la "Asociación
por la Integración de Cantabria en Castilla",
pero la imagen la ofrecen caras relativamente nuevas; aunque algunas
de estas caras, hayan sido conocidas por procesos judiciales e
inhabilitados para cargos públicos por cometer varios delitos
a cuenta de su "gestión"
en Gobiernos Regionales anteriores a 1.996. Sin embargo, el discurso
que presentan todos ellos, es el mismo: apocalíptico.
Realizaron su presentación,
en un conocido hotel de El sardinero, en Santander, ante, supuestamente,
asistieron casi un centenar de partidarios: socios de la Asociación
de Castellanos-Leoneses de Cantabria.
Si los anteriores Gobiernos de
Cantabria han estado limitados en su gestión por la carencia
de presupuesto y de traspaso de competencias, a la vista de los
actuales acontecimientos, en el hecho de que dos ex-Consejeros
de aquellos Gobiernos estén en esa Asociación "Castellanista",
nos hace reflexionar, que la tutela y lastre al que anteriormente
hacíamos mención, era mayor de lo que inicialmente
se pudiera pensar.
Últimamente existen ataques
indiscriminados a la integridad regional de Cantabria y de su
autonomía desde determinadas instancias. Algunas instancias,
suficientemente influyentes, que sirven de plataforma y tribuna
(un periódico definido como “montañes”
con accionistas e intereses VASCOS afincado en Cantabria), para
que algunos hagan su discurso político. Por cierto, que
con un discurso basado en ofrecer datos de las décadas
de los años 70 y 80 del pasado siglo XX, años de
crisis y reconversiones en toda España, con el que elaboran
argumentos catastrofistas y negativos para Cantabria. Ofrecen
datos económicos comparativos, buscando siempre el peor,
como si no hubiesen otros datos. Todas las Comunidades tienen
sus puntos fuertes y débiles. En cambio, nada dicen, de
la positiva evolución de nuestra Región en los últimos
diez años, casualmente, cuando Cantabria ha comenzado a
tener mayores competencias autonómicas, de las que antes
no disponía. Por cierto, ya no hablan de los aviones, ni
del aeropuerto, ni del puerto, ni del paro, ni de la industria,
ni de las infraestructuras, ni de Valdecilla... Ahora se dedican
a realizar una supuesta encuesta, encargada a una empresa desconocida
en el sector sociológico. Quizás mañana,
se dediquen a comparar si los de la meseta “la
tienen más grande“, que los
del mar Cantábrico. La cosa es comparar, encuestar, salir
en prensa.
Ahora bien, lo que no puede pasar
desapercibido, es que el periódico de accionistas e intereses
VASCOS, a toda página de por buena esa supuesta encuesta,
a no ser, que eso tenga algo que ver con intereses de tipo inmobiliario
en relación a las medidas adoptadas por el Gobierno Regional
al respecto (defendiendo los intereses generales, no los de unos
pocos).
Repiten lo que hicieron veinticinco
años atrás. Ahora crean una asociación nueva
(AICC), del mismo pelo que lo fue ACECA en su tiempo, para inventar
un ambiente de división entre los Cántabros, para
impedir la Autonomía y desarrollo pleno de Cantabria. Máxime,
cuando en España se comienza abrir el debate de la reforma
del Senado y hacer efectivo el mandato Constitucional de que ésta
sea, de verdad, la cámara de representación de la
Comunidades Autónomas; de la reforma de los Estatutos de
Autonomía y de la financiación autonómica;
de abrir la posibilidad de federalizar el Estado y con ello, la
posibilidad (necesaria) de dejar concluido el proceso autonómico,
abierto, con la aprobación de la Constitución Española
desde 1.978.
A
los Cántabros, no nos regalaron la autonomía, la
conquistamos. La autonomía nos sirve
para decidir desde aquí sobre nuestros propios asuntos.
No queremos que desde otros lugares decidan nuestro futuro. Bueno
o malo, es el nuestro. Otra cosa son nuestros gobernantes; están
para administrar y gestionar las competencias que en nuestro ámbito
territorial, podemos decidir. Su gestión, buena o mala,
nada tiene que ver con la voluntad de los Cántabros en
querer tener competencias propias para decidir sobre ellas, en
querer decidir y hacer nuestro futuro. Las buenas o malas gestiones
de los Gobiernos, las hay en Cantabria, en Castilla, en España
y en el resto del Mundo. Y no por eso, las regiones o los estados
dejan de ser autónomos o independientes; simplemente, cada
cuatro años, eligen otros administradores.
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