Solo han pasado un par de años
desde que varios incendios y derrumbes
devolvieron a la actualidad la situación de uno de los
barrios más antiguos de Santander. Coincidía con
la conmemoración del 250º aniversario de la concesión
del titulo de ciudad a Santander. Pero tampoco era la primera
vez, ya en los primeros 90, el barrio tuvo un momento de protagonismo,
inmediatamente acallado por los intereses urbanísticos
de quienes pretendían sacar tajada.
Ahora, parece que nada había sucedido
anteriormente y haciendo ejercicios de memoria selectiva, todo
se reduce al incumplimiento de la licencia de obra del edificio
anexo al desplomado.
Pero algunas personas tenemos memoria y contemplamos
la tragedia sucedida estos días en el marco de un contexto,
del que resulta imposible sustraerse, máxime cuando tres
personas han pagado con su vida, que no estamos hablando ya
de intereses especulativos, sino de vidas humanas.
El ayuntamiento siempre se ha inhibido. A pesar
de ser el titular de la competencia que le permitía elaborar
un Plan Especial de Reforma Interior
del barrio. A
pesar de que el gobierno de la nación puso a disposición
el Plan Nacional de la Vivienda,
en el que uno de los tres objetivos principales se concreta
en la rehabilitación de barrios degradados. A pesar de
que el gobierno de Cantabria gestionó la declaración
de Área de Rehabilitación
Integral. A pesar de todo, el ayuntamiento no
se implicó.
Puede consultarse el documento que recoge el
ARI del Cabildo
para comprobar cuál ha sido el nivel de compromiso municipal
con este barrio: renovar las aceras y el mobiliario urbano.
También pueden consultarse los presupuestos municipales
de estos años para comprobar cuál ha sido el compromiso
económico con el Cabildo: cero euros.
El barrio está degradado pero no se trata
sólo del estado de las viviendas. Se trata también
del tráfico de drogas, de la prostitución y de
la marginación social y económica de sus vecinos.
Pero el ayuntamiento siempre se ha inhibido,
nunca ha querido intervenir para reordenar el barrio, dotar
de espacios públicos y resolver los problemas sociales
de los vecinos. El mantra municipal repetido hasta la extenuación:
el estado de los edificios es responsabilidad de sus propietarios,
solo subsidiariamente es responsabilidad del ayuntamiento.
Había otro camino para el ayuntamiento,
el del compromiso con los vecinos y el liderazgo de una intervención
integral a través del PERI,
que además de incluir el Área de Rehabilitación
Integral también contemplase medidas de carácter
social y económico para cumplir unos pocos objetivos,
tal y como reclamó el grupo socialista en un pleno celebrado
el 30 de junio de 2005, del que se transcribe un fragmento del
acta.
Un Plan Especial de Reforma Interior (PERI) del
barrio puede ser el instrumento adecuado ya que es precisamente,
el que permite la intervención pública en el suelo
privado, integrando objetivos diversos que pongan freno al deterioro
urbanístico y social del mismo. Este Plan Especial debería
incluir la zona de urgente rehabilitación para las viviendas
más deterioradas con el objeto de frenar la especulación
íntimamente vinculada a la política de derribos
por ruina y lograr el apoyo económico para los vecinos
que tengan que afrontar la rehabilitación de sus viviendas,
pero también otras medidas que vayan encaminadas a la
liberación de espacios para equipamientos sociales o
espacios públicos libres, porque no podemos obviar los
problemas de salud y seguridad pública que presenta la
zona. De tal forma que entre los objetivos del Plan Especial
cabría señalar algunos como fijar la población,
eliminar las bolsas de marginación, mejorar las condiciones
básicas de habitabilidad de las viviendas, eliminar la
especulación urbanística o dinamizar económicamente
el barrio a través del comercio y la hostelería.
Ahora ya es tarde para tres personas que han
perdido la vida pero aún se puede actuar para evitar
que vuelva a suceder. Sin memoria selectiva, enfocando el problema
en su conjunto y desde el ámbito adecuado, que no es
otro que el municipal.