. . Año VII |
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Garoña Parece como si la tozudez fuera uno de los emblemas del Palacio de la Moncloa. Aznar, que llegó a ser denostado por tirios y troyanos, hizo gala de ella hasta mucho después de abandonar el palacio. Es más, haciendo gala de ello, es el único que parece que sigue defendiendo a aquel personaje nefasto, amigo suyo, que tenía rancho en Tejas. Cuando en su propio país a George le corresponsabilizan de la crisis interna del sistema financiero, éste le sigue mandando flores. Para desgracia nuestra, parece como si ese síndrome de la Moncloa se le hubiera contagiado al actual presidente en forma de tozudez, pues creo que no se puede entender de otra forma su postura ante la energía nuclear que hoy tiene como nombre Garoña. Afortunadamente parece que la disidencia ha surgido en su equipo de gobierno y el propio Sebastián, ha manifestado el carácter imprescindible de dicha energía. El cierre de Garona en sí no es grave. Será un error o un acierto, pero es objetivamente un problema menor. No dependemos energéticamente de esa central y ni siquiera las empresas propietarias dependen estratégicamente de ella. Es una central contablemente amortizada. Lo grave a mi modo de ver es una cuestión distinta, de método, esto es, el debate social no puede vedarse por la tozudez del presidente. Solo pensar que ZP haya heredado el síndrome de la Moncloa, me produce sudor frío. Lo bueno de Garoña es que ha obligado a abrir el debate y esperemos que no se cierre en falso y el debate no puede ser si 300 personas van o no al paro, pues eso es accesorio. Lo mismo que es accesorio que si por estar la central amortizada, los beneficios económicos tienen que tener un tratamiento distinto. El debate que hay que abrir es cual va a ser la España energética dentro de 30 años, y con cuanto tiempo hay que planificarlo. Es más, el debate forma parte de un debate más amplio, cuyo límite creo que ni siquiera es fácil de definir. El debate de la energía forma parte del debate del origen y causas del cambio climático, o al revés, si lo prefieren. Lo que sí sabemos hoy, simplificando, es que en el siglo XVIII se sustituye la energía animal y vegetal viva por los combustibles fósiles. Que el gran desarrollo del siglo XIX viene de la mano del carbón. Que el carbón entrega el testigo a lo largo del siglo XX al petróleo. Y sabemos que el consumo energético en los países desarrollados es inmenso. Que los campos se vacían y que la tendencia es a que la mayor parte de la población mundial viva en grandes ciudades, con un nivel de consumo energético inmenso. Absolutamente inmenso en términos de comparación con el pasado reciente de la humanidad, pues si hasta el siglo XVIII había un cierto equilibrio entre energía producida y consumida, hoy estamos devorando a marchas forzadas la acumulación histórica de las reservas de energías fósiles. El debate energético para por analizar algunas cuestiones, la fundamental, seguramente, definir para cuanto tiempo hay reservas baratas de petróleo, pues si el agotamiento de las reservas se calcula para 2.040 0 2.050, aunque no sea exacto, sí significará sin género de dudas que mucho antes, los precios aumentarán extraordinariamente y que las economías más pobres energéticamente más dependientes serán las más afectadas. Una lectura de la “Economía del hidrógeno” de Jeremy Rifkin ayuda a entender el problema. No digo que las soluciones que ofrecen sean las acertadas, pero si ayuda a entender el riesgo de colapso energético, al que nos enfrentamos a medio plazo. Si en el resto de los países de nuestro entorno se está abriendo el debate de la energía nuclear, porque hoy no hay otra que pueda sustituir globalmente al petróleo, mucho me temo que cada día que pase sin empezar a prepararnos para ese futuro inmediato, será un día perdido. La sustitución de un modelo por otro, no se improvisa. Es más, hace escasamente un año imputábamos el comienzo de la crisis al encarecimiento del crudo. Afortunadamente puede que solo fuera una burbuja especulativa, pero el precio que alcanzó el barril, alarmó hasta a los más despreocupados. No sabemos cual será la energía del futuro, lo que si sabemos es que no será el petróleo, porque su agotamiento es inminente en términos de periodos históricos y como recurso básico. De manera, que, bienvenida sea Garoña, que nos obliga a hablar de ello. Ójala no haya que decir parafraseando a Keynes, que el problema energético es demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos.
jaracebo@hotmail.com |
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