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La
dieta furaco
Jesús
GÓMEZ CIMIANO
No cabe duda del ingenio
cántabro, bueno de sus ocurrencias; somos
únicos.
Somos los mejores coño,
acabamos de descubrir la dieta milagrosa, la dulce – salada,
como corresponde a una población trabajadora y bohemia,
futbolera según convenga, regionalista y universal, mojada
e incrédula de meteorología, de patata cocida pero
hidalga, de misa y hostia limpia.
Por fin entramos en la modernidad,
gracias Revilluca, dejamos atrás la boñiga
urbana, lo rancio, el gris-marrón, la laca y gomina política,
los 50 señoritos por el muelle paseando, el beber de la
mierda de la fuente de Cacho, gracias.
Somos tierra de sementales-elementales,
del añorado Sultán-Hormaechea,
al Furaco-Revilla pasando por boxeadores domésticos, nos
hemos distinguido por la secreción excesiva de testosterona,
el ordeno y mando y el tú te callas.
Se acabó, Cantabria entra
en la modernidad, se une al resto de España y el mundo
civilizado, ya tenemos nuestro chiki-chiki, ahora si que nos podemos
mirar al ombligo y decir todos juntos “que
región tenemos, como esto no hay nada”.
La cordillera Cantábrica
¡qué la Cantábrica! toda España se
poblará de oseznos, de osos poderosos y listos, bienvenido
el “cortejito el montaito
y el preñaito” .
Y es que, el sobao y las antxoas
(uy perdón), hacen milagros, bueno cosas extraordinarias.
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