. . Año VI

La dieta furaco
Jesús GÓMEZ CIMIANO

No cabe duda del ingenio cántabro, bueno de sus ocurrencias; somos únicos.

Somos los mejores coño, acabamos de descubrir la dieta milagrosa, la dulce – salada, como corresponde a una población trabajadora y bohemia, futbolera según convenga, regionalista y universal, mojada e incrédula de meteorología, de patata cocida pero hidalga, de misa y hostia limpia.

Por fin entramos en la modernidad, gracias Revilluca, dejamos atrás la boñiga urbana, lo rancio, el gris-marrón, la laca y gomina política, los 50 señoritos por el muelle paseando, el beber de la mierda de la fuente de Cacho, gracias.

Somos tierra de sementales-elementales, del añorado Sultán-Hormaechea, al Furaco-Revilla pasando por boxeadores domésticos, nos hemos distinguido por la secreción excesiva de testosterona, el ordeno y mando y el tú te callas.

Se acabó, Cantabria entra en la modernidad, se une al resto de España y el mundo civilizado, ya tenemos nuestro chiki-chiki, ahora si que nos podemos mirar al ombligo y decir todos juntos “que región tenemos, como esto no hay nada”.

La cordillera Cantábrica ¡qué la Cantábrica! toda España se poblará de oseznos, de osos poderosos y listos, bienvenido el “cortejito el montaito y el preñaito” .

Y es que, el sobao y las antxoas (uy perdón), hacen milagros, bueno cosas extraordinarias.

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