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A
quién le importa el estado del Estado
Javier DÍAZ
APARICIO
Estos días se lleva la quema
de fotos del Rey,
como desde hace tiempo se lleva la quema de banderas, sean de
comunidades autónomas, de estados o de equipos de fútbol.
Los diarios se llenan de artículos de opinión que
cargan las tintas contra semejantes actos de barbarie, a la vez
que en el Congreso no son pocos los que, desde una u otra postura,
discuten a jornada completa sobre ello. Un diputado se autoinculpa
de piromanía. Claro, porque varios jueces de la Audiencia
Nacional se han puesto raudos a acaparar cámaras
y portadas. Todo un despropósito. Lo de unos, los quemadores,
por macarras y escasos de luces y los otros por oportunistas y
cortos de miras.
Ya sé que no es políticamente correcto defender
la postura de los pirómanos, entre otras cosas porque existen
otros mecanismos menos sucios de reivindicación. Y no seré
yo quien lo haga –defenderles-. Ahora bien, quemar la foto
del Rey no es injuriarle. La pena es que los cretinos que lo hacen
no tienen cerebro ni para comprender que el alcance de sus actos
no merece la atención que se les ofrece. Lo que está
en juego no es el buen nombre de Su Majestad, a menudo más
comprometido en la prensa rosa que en los actos incendiarios.
La quema de sus fotos es el ataque al símbolo, no a la
persona. El rechazo a la monarquía. Y por lo tanto, más
próximo a la libertad de expresión que al delito.
Lo que está en juego es el sistema de organización
del Estado, algo que se ha promovido desde el propio gobierno
de la nación, del que no en pocas veces forman parte los
que promueven los actos antimonárquicos. Y si no, ¿cómo
aparece otra vez Ibarretxe con el sermón
del referéndum ilegal,
mientras que el resto tararean su discurso: Tararí, tarará,
ya saben que es ilegal. La imaginación al poder. (Recuerda
que el Estado es el peor monstruo nacido del sueño de la
razón).
No es absurdo sostener que la quema
de las fotos atente a la dignidad de la persona de Su Majestad,
pero parece que se trate más del ataque al símbolo,
que al Borbón. Y por lo tanto, el tipo penal no es del
artículo 490.3 ( injurias al Rey), sino el del 543 (ultraje
a los símbolos de España). Al margen de la diferencia
de pena, -que en el primer caso puede llegar a dos años
de cárcel, mientras que en el segundo no puede superar
la multa-, se me antoja otra perversa: Las injurias son competencia
de los superjueces estrella y para juzgar los ultrajes a los símbolos
están los jueces de cada día, que no llaman a declarar
a la gente en medio de grandes movimientos mediáticos.
A ultrajar banderas, como decía, estamos acostumbrados
en España, pues todavía se recuerda la ofensa que
nuestro Presidente de Gobierno hizo a la de EEUU. Y no creo que
se le ocurra a nadie cabal predicar de aquello que merece la cárcel,
aunque de todo hay por el mundo. Y también decía
que me parece más próximo a la libertad democrática
de expresarse que al Código Penal.
Verbigracia:
-Juzgado Instrucción 5, Sant Feliu de Llobregat. Asunto
Rubianes y la puta España:
Extraña a la mayoría de la doctrina la inclusión
en el nuevo Código penal (LO10/1995) de este tipo que,
por ejemplo para Córdoba Roda, era, en
su redacción de 1967, un blindaje contra cualquier mínima
muestra de disidencia política contra el régimen
franquista y, aparece, para García Rivas
entre otros, como innecesario en un régimen democrático
consolidado. Pero, además de estas consideraciones que
son más propias de la política criminal que de esta
resolución, el precepto presenta importantes problemas
técnicos que afloran enla interpretación de la conducta
típica y se refieren, esencialmente, a la delimitación
del bien jurídico protegido y a la posible colisión
con el derecho a la libertad de expresión y el derecho
a la libertad ideológica y, con ellos, a la de disidencia
política.
- EFE 28/6/06:
El texto de la enmienda, presentada por el senador republicano
Orrin Hatch, dice: 'El Congreso tendrá el poder para prohibir
la profanación física de la bandera de Estados Unidos'.
Los legisladores que respaldaron
la medida -entre ellos, todos menos tres republicanos- lo hicieron
en respuesta a un dictamen de 1989 del Tribunal Supremo, en el
que amparaba la quema y otros actos de profanación de la
bandera bajo el derecho a la libertad de expresión que
defiende la Primera Enmienda de la Constitución.
La Cámara de Representantes
ya aprobó la propuesta en junio del año pasado,
al igual que había hecho en cinco ocasiones anteriores
desde 1995.
En cambio, en el Senado nunca ha
encontrado el apoyo de las dos terceras partes requeridas para
su aprobación.
Tras la ajustada votación
de hoy, se sucedieron las reacciones de grupos de derechos civiles,
que se congratularon por la derrota de la proposición.
Una de ellas, la Unión
de Libertades Civiles de EEUU, 'aplaudió'
la decisión de los senadores.
'El Senado se ha acercado a prender
fuego a nuestra Constitución, pero afortunadamente salió
ilesa', dijo en un comunicado Caroline Fredrickson,
directora de la oficina en Washington
de este grupo.
Por su parte, los Veteranos en
Defensa de la Carta de Derechos también comunicaron su
alegría por la decisión del Senado de evitar lo
que, a su juicio, habría sido 'la primera vez en la historia
que se ve reducido el alcance de la Primera Enmienda'.
Sánchez Dragó:
El Sentido de la mano izquierda.
Desconfía de los políticos, sobre todo si son demócratas,
o si no siéndolo, se mueven en el ámbito de la democracia,
porque en ambos casos sólo dirán y, si llega el
momento, harán lo que a su juicio, equivocado o no, les
reporte votos. Los dictadores, los caudillos, los pontífices
o ayatolás y los monarcas también pueden y suelen
ser personas abominables y terriblemente dañinas para sus
súbditos, pero no tienen por qué fingir lo que no
son ni decir lo que no piensan.
Amén PSOE, ERC; PP…. |