Separatismo
Juan DIEGO GARCÍA
Frente a la ola nacionalista
que barre Latinoamérica
los Estados Unidos
han desplegado una política agresiva mitigada tan solo
por el mayor énfasis que le exigen sus guerras en Asia.
La crisis energética es sin duda la mayor urgencia en
la formulación de las estrategias gringas pero no tienen
menor peso otras consideraciones relativas al agua, las materias
primas en general y el control territorial sin que falten esfuerzos
por ampliar mercados para sus excedentes agrícolas e
industriales mediante tratados de libre comercio.
Las armas de esta política
imperialista son múltiples y no por conocidas menos eficaces:
sabotaje económico, presiones diplomáticas, campañas
mediáticas, fomento de desórdenes públicos,
promoción del descontento alimentando rumores y medias
verdades, actividades subversivas, atentados terroristas y cuando
todo esto falla o las condiciones están maduras, el clásico
golpe militar.
Si antes se intentaba legitimar
el intervencionismo mediante la excusa de la “lucha
contra el comunismo” ahora se arguye
una supuesta “lucha
contra el terrorismo”, la “guerra
contra el tráfico de drogas”
o si nada de esto cuadra, el gobierno en cuestión será
acusado de practicar un populismo irresponsable que convierte
al país en “un
peligro para la estabilidad regional”.
De tales estrategias no deben
descartarse los movimientos separatistas que pretenden romper
la unidad nacional, precisamente de las naciones que se convierten
en “problema”
para los Estados Unidos. No es casual que ahora, cuando el nacionalismo
reverdece en Latinoamérica, los movimientos separatistas
aparezcan precisamente en las naciones que más han avanzado
en la defensa de su soberanía nacional. En Venezuela,
la llamada “república
del Zulia”; en Ecuador, los rumores
de separatismo de la región de Guayaquil
y en Bolivia el independentismo de las provincias del oriente.
Zulia es uno
de los departamentos más ricos, un verdadero mar de petróleo,
decisivo para la economía nacional. Guayaquil es el centro
de mayor desarrollo económico y las provincias del oriente
boliviano constituyen grandes reservas de gas y petróleo.
Las banderas del separatismo
son muy similares. Pretenden indefectiblemente que el centralismo
de Caracas, Quito o La Paz ahogan su pujanza, sin que quepa
más salida que reivindicar lo propio así sea llevando
el proceso hasta las últimas consecuencias, es decir,
la separación. En todos los casos se trata de iniciativas
de las oligarquías locales, por lo general bien vinculadas
con multinacionales del petróleo o el gas. Aparecen entonces
organizaciones internacionales generosamente financiadas que
sustentan a las ong´s locales y dan las orientaciones
pertinentes. No falta el seminario con intelectuales liberales
y especialistas de la moderna administración que se rasgarán
las vestiduras ante la supuesta falta de descentralización
y la rigidez burocrática que impiden a las regiones hacer
un uso “más racional
de sus recursos”, ahora malgastados
por un centralismo asfixiante y premoderno. Y tras todos ellos,
el omnipresente embajador de marras que interviene groseramente
y garantiza a lo separatistas el apoyo incondicional al movimiento
por parte de los Estados Unidos.
El separatismo del Zulia está
por ahora en letargo aunque sería ingenuo pensar que
se haya olvidado por completo. Tampoco debe descartarse que
vuelvan a sonar voces separatistas en Guayaquil. Pero el peligro
más inminente está en Bolivia. Allí, el
próximo 4 de mayo se realizará un referendo de
“autonomía”
en la provincia de Santa Cruz, a pesar de haber sido declarado
ilegal por la Corte Nacional Electoral y fracasar en el intento
de conseguir algún tipo de apoyo de la OEA.
En realidad, ninguna institución representativa a nivel
internacional ha aceptado servir de testigo en ese evento y
todos han dado su respaldo al gobierno legítimo de Evo
Morales que ha denunciado no solo su naturaleza ilegal sino
los verdaderos intereses separatistas que se esconden tras ese
referendo.
En realidad, quienes lo propician
buscan un enfrentamiento directo con La Paz y si es posible
hasta una guerra civil para derrocar al gobierno progresista.
Les molesta mucho la ley de reforma agraria que afecta a la
gran propiedad improductiva; les resulta muy incómodo
que se afecten las ganancias fabulosas de las multinacionales
del gas y del petróleo; les inquieta en extremo que el
gobierno promueva los derechos de la población indígena
–mayoritaria en el país- y denuncian como un “atentado
contra la producción” que
las autoridades intenten liberar a los jornaleros guaraníes,
sometidos a condiciones de atroz explotación, en realidad
modernos esclavos que, como en ciertas zonas de Brasil, laboran
en grandes haciendas a cambio tan solo de poder ocupar ranchos
miserables y recibir una alimentación más miserable
aún.
El gobierno de Evo Morales será
sometido este domingo a una prueba de fuego. A los promotores
del referendo parece importarles poco no tener apoyo de ningún
gobierno o autoridad internacional. Su conducta permanente,
después de haber sido desalojados democráticamente
del poder por las masas indígenas no ha sido otra que
la obstrucción, el sabotaje y la amenaza. Mientras, el
embajador de los Estados Unidos se distingue como un padrino
diligente y acucioso y no sería extraño que Washington
esté a la espera del menor incidente para justificar
la partición del país y el surgimiento de un nuevo
Kosovo en los Andes. En los Balcanes los gringos y los europeos
no han tenido inconveniente en apoyarse en un llamado “movimiento
de liberación nacional de Kosovo”,
en realidad una banda de delincuentes comunes dedicados al tráfico
de drogas, armas y personas y, según denuncia la antigua
fiscal para Yugoslavia - la señora Carla Di Ponte
– implicados igualmente en el tráfico de órganos
humanos utilizando a prisioneros serbios.
En Bolivia se dan coincidencias
muy curiosas. El actual embajador gringo viene directamente
de los Balcanes, en cuyas guerras separatistas ha tenido destacado
papel; los dirigentes separatistas de Santa Cruz y otras provincias
no solo son de un racismo extremo sino que su principal dirigente,
Marinkovic, es por casualidad un inmigrante
croata; su discurso se sustenta en teorías “científicas”
de una supuesta pureza de raza (la blanca “nación
camba”) frente a la “decadente
e inferior” naturaleza del indígena
del altiplano (de eso a la “limpieza
étnica” no hay más
que un paso), y para terminar, una foto reciente muestra al
embajador de los Estados Unidos departiendo distendidamente
con dos sujetos, el jefe de los separatistas y un peligroso
jefe paramilitar colombiano que tiene orden internacional de
búsqueda y captura por múltiples crímenes.
¿De qué hablarían tan distinguidas personas?.
Defender la integridad nacional
es entonces una urgencia en Latinoamérica. En la anterior
reunión de la OEA y en la siguiente del llamado Grupo
de Río por unanimidad se condenó la incursión
de Colombia en Ecuador y se reafirmó el principio de
la no intervención y el respeto a la soberanía
nacional (Bogotá solo recibió el apoyo de Washington).
La OEA tampoco avala el referendo de Santa Cruz, ni la Unión
Europea aceptó supervisarlo. Todas ellas son victorias
destacables de Latinoamérica frente al intervencionismo.
La nota más reciente la ha puesto Brasil: de ahora en
adelante, todo extranjero que desee entrar en su territorio
amazónico debe obtener antes una autorización
expresa de las autoridades, de suerte que se impida la piratería
científica, el expolio y el saqueo de especies y conocimientos.
No se puede ser ingenuo en asunto tan delicado.
El próximo 4 de mayo se
juega mucho en Santa Cruz. Por ahora el gobierno de Bolivia
ha obrado con enorme prudencia y se ha llenado de razones. Pero
la provocación a la guerra civil es permanente y existen
intereses nacionales y extranjeros empeñados en provocarla.
Evo Morales tiene el apoyo de las fuerzas armadas y –lo
más importante- mantiene la reserva inagotable de las
masas indígenas, movilizadas y dispuestas a defender
la integridad territorial de su país, sostener el proceso
de reformas y lanzarse a la lucha si se da el caso. Los Cien
Mil Ponchos Rojos, aunque muy mal armados, están alerta,
si es que este domingo se confirman los peores augurios y la
sangre vuelve a correr en Bolivia.