. . Año V

¿Pactos, partos o repartos?
Joaquín DÍAZ RODRÍGUEZ

La riqueza y arbitrariedad de la lengua ha querido que las palabras cambien radical o parcialmente su significado con un mínimo cambio en su significante. Así se convino que pacto fuese un convenio entre personas, grupos o entidades que se comprometen a cumplir lo estipulado y que parto, además de acción o efecto de parir sea también el producto de un entendimiento o ingenio humano y cualquiera de sus conceptos declarados o dados a luz. La palabra de moda en estos días es pactos. Hay cientos de pactantes intentando entenderse para llegar a acuerdos. ¿Están realmente pactando? o, quizás, ¿estén tratando de consumar un embarazo de cuatro años que produzca un parto, que de a luz algún fruto o proyecto interesante, agradable y útil para los ciudadanos? He aquí otra acepción de parto; “dar a luz”, es decir, parir es salir al exterior, que el fruto concebido vea la luz, que se vea. Los políticos hacen partos “sin luz” o ¿son pactos? Creo que ni pactos ni partos; Repartos. Esta es la palabra adecuada. Lo que están es haciendo repartos, es decir; dar a cada uno un destino conveniente, su oportuna colocación.

La lengua no es neutral y de llamar a cada cosa por su nombre nos entenderíamos todos mucho mejor. Por ejemplo podían decir; “mañana se reúnen estos con aquellos para repartir quienes ocuparan las presidencias de las comisiones, las tenencias de alcaldía”, etc,, etc. Así todos sabríamos que están repartiendo. O podían decir; “el próximo día estos y los otros se reúnen para intentar sacar un proyecto que dentro de cuatro años o menos se realizará, vera la luz”. Entonces sabríamos que están “fornicando”, es decir; “unidos o reunidos” en carne y hueso para que se produzca, quizás, un parto, o sea, que vea la luz un gran plan, un deseo largamente esperado por los ciudadanos.

O podían decir que están reunidos poniendo encima de la mesa toda una serie de acciones una gran lista de actuaciones, de obras, de desempeños, de realizaciones, de ejecuciones con la consiguiente temporalización, con las formulas y maneras para conseguirlo y la obligación de lucharlo entre todos, de dotarlos de presupuesto y con el deber y la obligación de cumplirlo, con el compromiso de que cada un aporte sus mejores dotes, y que todos tengan claro que con eso los ciudadanos serán mas felices y mejorará su vida y verán mejorada su ciudad. Esto puede ser un pacto.

Todos estas actuaciones serán realizadas y gestadas en los próximos cuatro años que dura el embarazo (perdón la legislatura) y deberán ver la luz a lo largo de ella; esto es un Parto Se firma y una vez firmado y aceptado se hacen los repartos de los cargos y los puestos colocando y dando a cada cual su destino más conveniente para realizar esos convenios, esos compromisos que son buenos y deseados por los ciudadanos y fundamentales para la ciudad... El pacto es un instrumento, no es un fin. Si el instrumento se convierte en fin se adultera la democracia. Saque ustedes sus consecuencias; ¿qué están haciendo en estos días los cargos elegidos por los ciudadanos para gobernar pueblos, ciudades y regiones? ¿Pactos, partos o repartos? ¿Pactar, parir o repartir? Ustedes mismos.

Joaquín Díaz

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