. . Año V

Ida y Vuelta

Arturo del Villar sobre López Aranda el día 16 en Madrid
Jesús PINDADO

Llegan algunos avisos a mi buzón, entre otros una conferencia de Arturo del Villar, el buen poeta cántabro, que hablará sobre el dramaturgo López Aranda en el Ateneo de Madrid (en la sección de literatura) el próximo martes, 16. Nada puede ser más significativo que el título incluso para quien no sea muy avisado: “La espera sin esperanza en el teatro de López Aranda”. Arturo es muy certero, sensible y a la vez analítico. Ojalá se equivoque. Como dije recientemente queda mucha obra inédita del finado escritor y en la calle Prado, 21, Arturo se dolerá con buenos argumentos porque conozco la seriedad y rigor con la que sabe apreciar y dolerse de las cosas. Si puedo, iré; si no, lo perdonará porque se supone que imagina bien la dificultad de moverse de junto a la bahía… En todo caso, lo que me alegra –y mucho- es que Arturo del Villar vuelva a insistir, como saber hacer, en el valor literario y la amistad incluso de ultratumba, algo que no sé cómo explicará. En muy reciente entrevista televisada a Gloria Torner –ya un poco por encima del bien y el mal- leía yo muy calculadamente un poema del propio Arturo. Tampoco yo me olvido de las cosas bien hechas, en la medida de lo posible. Es de aquel buen libro titulado “7 Pintores con Santander” que creo que data de 1980. En su poema, el poeta que nación en la calle El Sol, entre otras cosas, dice:


Así es el mar, orígen de las artes,
el mar que es vida y es la muerte inmensa
cuando sus ondas van representando anhelos
De los que nadie participaba ya,
camino de la nada.
Su tristeza limita con la melancolía


Iba la inspiración poética del raro y buen amigo Del Villar (raro también es notable, recuérdese Rubén) dirigida a la pictórica “tejedora de las olas”, la burgalesa pintora de Arija que mejor que nadie representa el destino cantábrico del mar (nunca mejor dicho que por el poeta) pero quiero extenderlo al propio finado dramaturgo en esta noche de enero 2007 en que escribo pensando en la frágil dura y consistente liana invisible de lo amistoso. Quizás hoy Arturo –que iniciaba inspiración más espiritual e incluso religiosa hace unos años- no piense en el “camino de la nada” y crea que puede hacerse algo. Por lo menos, él –él, la viuda Germaine de Ricardo López Aranda y seguro que algún puñado de amigos- hacen homenaje al recuerdo de Ricardo y, sobre todo, de su inédita obra.

Por eso yo quiero también participar de nuevo, aunque sea de pasada y con la fugitiva constancia de la noticia que me viene al buzón. En efecto, hemos de algún modo de “depurar el lenguaje cotidiano de eco”, por seguir robándole inspiración a Del Villar y escanciar su poco de su poética a favor del recuerdo y de lo agradable precisamente de ese recuerdo. Recientemente estaban para recordar a Pepe Hierro también en Madrid el poeta Julio Mururi y el novelista Manuel Arce, entre otros. Juraría que no hubo aquí mucho eco periodístico y otros destinos más prosaicos no me permitieron acercarme a la docta casa madrileña para participar cuando lo ví en un periódico. Ahora estaré o no pero estoy. Por eso escribo, que es uno de mis modos de estar sin estar.

Y por eso voy a recordar otros amigos de Ricardo López Aranda que estarán o no pero era sus amigos y disfrutarían no solamente por eso, sino por el objetivo inédito valor de su obra, si los afanosos políticos cántabros insistiesen un poco en editar lo que no parece fácil que se estrene aunque el éxito de Ricardo no lo necesite ya. Quién puede saberlo si es que nos viese no sé con qué ojos “cerca de las estrellas” o más alto para jugar sin cursilería con el préstamo de uno de sus premiados títulos que más se recuerda. El poeta Arturo del Villar hará un homenaje brillante, sin duda a López Aranda. Hablará de su obra en el décimo aniversario de su muerte y de “la espera sin esperanza” sobre la que le gustaría equivocarse. Ojalá. Valorará la obra inédita de Ricardo.

Yo quiero hablar de sus amigos del teatro de pasada: Conocí un buen día a Conchita Velasco –deuda impagable- por López Aranda y siempre se lo he agradecido. Ahora es posible que la Coral Salvé, a través de J.L. Ocejo contrrate a Concha para un decir de versos que sería único porque ella no ha olvidado que Dicenta pedía pronunciar “altas las comas” para declamar bien. Recordé a Ricardo con la gran actriz española que vino bajo la batuta leal de Juanjo Seoane a Santander no ha tanto. López Aranda admiraba a los actores y actrices pero quizá más a las actrices porque expresaba más sus ideas y sentimientos a través de ellas según me ha confesado alguien que bien lo sabe. Entiéndaseme bien lo digo porque se expresaba sutilmente mejor a través de Milagros Leal (Cerca de las estrellas), Irene Gutiérrez Caba (Noches de San Juan), Nati Mistral (Isabel Reina de corazones, Fortunata y Jacinta), Lola Cardona (El Buscón) Amparo Baro (Isabelita la Miracielos, estrenada en 1978 en el Barceló de Madrid) y de tantas otras que trabajaron con él a lo largo de su vida profesional. Había una actriz de su época de teatro en Santander que solía ver cuando venía a Cantabria de vacaciones pero lamento mucho no recordar ahora su nombre. Creo que todo esto ya lo he dicho en otra parte pero no está de más repetirlo.

Hablando de amistad, está en el tintero que en Santander, antes de su marcha a Madrid, hay una época muy rica de Ricardo López Aranda tanto en hacer teatro como creación y antes de que le conociera Germaine Jagu, fiel depósito y fuente de todos los asuntos averiguados de López Aranda. Entre los actores españoles, hay que destacar su cercanía y amistad con Pepe Bódalo, Antonio Ferrandis, etc. Pero en Santander ya digo que mantuvo sus amigos siempre y en los años 60 Ricardo era muy amigo de Manolo Alonso –que murió hace poco- y veía mucho a Leopoldo Rodríguez Alcalde (a quien no se puede preterir y a quien atiende ejemplarmente Mario Crespo), a sus amigos de la infancia que siguió siempre que podía frecuentando como Andrés Velarde, Juanjo Pérez Aja y Juan José Serrano. Pero igualmente Nobel Carral, el valioso y sencillo Joaquín Losada, dirigente televiso y encantadora persona, u otros.

Hoy en el buzón encontré escuetas dos invitaciones para ir a la sala de conferencias en donde Arturo, el martes, 16, volverá a tocar la guitarra de la sensibilidad de amigo a través de la obra inédita del dramaturgo 10 años después de su muerte en la capital de España. Puede asegurar que será algo brillante y tengo el enigma de imaginarme si será pesimista o algo ilusionado. Lo que no tengo la menor duda es de que será algo profundo, sensible y afectivo. Conociéndole algo, será, sin embargo, un poco melancólico y desesperanzado de que los políticos cántabros hagan caso. Algunos estarán en alguna velada folklórica vendiendo la moto o la burra capada. Pero esto no es poético y juro que prefiero equivocarme. Y que se equivoque el mismo Arturo, que será difícil.

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