. . Año VI

Ida y Vuelta

Mejora de la calidad en el vino de Cantabria
Jesús PINDADO

Si en el vino está la verdad ya empieza a mejorar aquél. Con siete en Cantabria, 4 blancos de la costa (Ribera del Asón, Tejea Verde, Lancina y Casona Micaela) y los tintos lebaniegos (Picos de Cabariezo, Lusía) .Los primeros tienen media edad de viña y los de Liébana son antiguos. De hecho, el consejero Oria -que se había trabajado bien el texto- explicó ayer en el Hotel Bahía que se habían planteado recuperación y desarrollo y el año 2000 y que ya hay motivo de “satisfacción y orgullo”.

Hay ya una carta regional de “vinos de la tierra”. Oria señaló que en la Edad Media se despacharon 12 toneles desde Castro Urdiales para Enrique III de Inglaterra y que la especialización ganadera había dejado las viñas en su día. Tenemos ahora en Cantabria 11 hectáreas en Liébana y 13 en la Costa con 100.000 litros en total. Un papel vitivinícola, por tanto, “modesto y prudente pero sin complejos” dijo el consejero en la cata que se realizó en la tarde ayer por parte del Grupo Sardinero de Armando. Destacaría por lo que me toca la finura elegante de la infatigable Aurora Martínez que sucesivamente cumplimentaba mis vasos mientras la enóloga Ana Martín hablaba de propiedades a la nariz, color, sabor y la “sobremaduración y falta de acidez en el Mediterráneo” que nos ha favorecido.

Una pena que una amiga común dijese del presentador, el conciso y elegante doctor Javier Hernández de Sande –presentador sobrio del acto- que era un “aficionado” al vino cuando es un experto gastrónomo. Capa, color, tonalidades violáceas, verdosas o frescos aromas distintos y “astringencia que da estructura” eran explicaciones variadas de la enóloga. Lo visual y olfativo con la persistencia del sabor que no se va. En el tinto lebaniego destacaría, entre otras cosas, la “vegetal” mencía. Pero Andresín el de la Cigaleña me aseguró que en cuanto a elaboración destaca Viña Lancina (estaba Ignacio Abajo Herrero) y que este año había salido muy bien el vino de Villaverde (atento andaba Fernando Renobales). Entre otros, me saludaron cordialmente Muñoz Rodríguez (Destilerías Castilla de Maliaño, distribuidores) y Mª Teresa Ortega y Mikel Durán de Vidular Bodega.

No hay que ver el vino en Cantabria meramente como un bien de consumo, según Oria. En nuestros ámbitos rurales y pensando incluso en rutas enológicas piensa el consejero que ya estamos suavemente incorporados a la llamada “cultura del vino”. Hasta la biodiversidad mencionó el Consejero de Desarrollo Rural junto al cual estaban sentados Eduardo Fernández de la Varga, de Calidad Ambiental, Fernández Torrontegui y Francisco Gutiérrez. Falta de sol y calor han complicado más este año la floración que en años anteriores. Pero pude hablar con dos bellas ingenieras agrícolas (a quienes debían haber puesto en la mesa presidencial, la verdad) como son Paula Martínez Bol –contratada independiente- y Eloísa Fernández Celis. Ambas certificaron con sabia sencillez que las cosas se hacen bien en la vinificación y en la bodega experimental de Muriedas. E incluso con el pimiento de Isla que es con lo que ha trabajado últimamente la segunda. Ascéticos ojos negros bajo los rizos y una talla magnífica la primera y ojos azules rientes la segunda, de Tragsa. No tienen complejos y no se molestan por el suave y pertinente piropo durante el coctel. Pero no querían salir en crónica alguna. Tampoco se hacen las estrechas.

Más de 80 personas estuvimos en la cata. Me dijeron que por allí andaba el alcalde de Reinosa. Muchos políticos no había pero tampoco hizo falta. El material institucional fue sobrio pero bello. Picos de Cabariezo ofreció, en español y francés, su propio catálogo con “invitación especial” a una visita guiada. Otros nos lo ofertaron con gentileza comercial de viva voz. De ODECA –la Oficina de Calidad Alimentaria- nos obsequiaron con una bolsa bien ilustrada que contenía un par de botellas, una de tinto joven de Picos y otra de Ribera del Asón. Además, una cajita metálica con tres instrumentos menos antiguos que los típicos sacacorchos. Fino.

El consejero Oria tuvo el buen gusto de no aludir a las vacas o la leche, que no era el tema del día. Probé prudentemente los siete vinos y aunque siete no son setenta veces siete cuando voy a firmar esta crónica debo poner ojos para señalar que los caldos de Liébana están delimitados en terrenos de Potes, Pesaguero, Cabezón de Liébana, Camaleño y Cillorigo de Liébana. Los de la costa se comprenden entre ella y los valles interiores de influencia atlántica hasta la cota de 600 m. excepto los antes mencionados. Sinceramente ya somos alguien en vino, no solo en orujo. Corresponde mencionarlo. Con modestia y orgullo sin complejos siguiendo la indicación consejeril.

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