. . Año IV

Con la corrupción en las narices
Óliver SOTO

Hay palabras que periodistas y políticos han conseguido santificar. Una vez se pronuncian, da la sensación de que la verdad acompaña al verbo. En esta ocasión quiero llamar la atención sobre dos de ellas: ciudadano y vecino. Así, por ejemplo, no duda el País en titular el 31 de marzo con “10.000 vecinos de Marbella reclaman dimisiones”. Y como se nota que en esto de vilipendiar al corrupto independientemente de que haya sentencia o no parece que todos estamos de acuerdo, así elmundo.es se suma al buen rollo y titula con “vecinos y partidos políticos se manifiestan hoy en Marbella para exigir la dimisión del Gobierno local”. A modo de ligera comparación, les pongo los titulares sobre la manifestación de hoy (domingo 9 de abril) en San Sebastián. El País titula “dirigentes de Batasuna se unen a la manifestación convocada por particulares en San Sebastián” y comienza: “Miles de personas se han manifiestado este mediodía en San Sebastián en protesta por la prohibición del acto que Batasuna pretendía celebrar hoy en el Kursaal...”. El mundo.es, por su parte, titula: “Una multitud con Otegi en cabeza marcha contra la prohibición de un acto de Batasuna”. A ello suma que fueron “ciudadanos anónimos” los que convocaron la marcha. Vaya... aquí parece que no hay vecinos...

No es mi intención hacer un canto a la corrupción ni tampoco mezclar churras y merinas. Dejemos por el momento de lado el tema vasco, que tiene su enjundia y merece más que unas modestas líneas. Siguiendo a lo nuestro, que es la buena acogida que tuvo en todos los medios la manifestación contra la corruptela, deberíamos plantearnos la naturaleza de la corrupción marbellí. Ahora que todo el mundo se monta en el tren de la anticorrupción con el consabido “ya lo decía yo”, no está de más decir quién ha estado de un lado y quién del otro.

Este domingo 9, precisamente La opinión de Málaga, en un artículo que firma Francisco Prieto, le devuelve la voz a todos esos vecinos que durante años se han opuesto de verdad a las tramas de corrupción. Cuentan éstos que han tenido que soportar amenazas, vandalismo sobre sus coches, ridiculización por parte de otros vecinos de la localidad e incluso intentos de soborno ante el fracaso de todo lo anterior.

La manifestación del 30 de marzo, tan bien alabada por los medios, parece que ha hecho el borrón y cuenta nueva en el debe de los vecinos de Marbella. Y es que no hay nada como una buena manifestación bien cantada por los medios de comunicación nacionales para lavar la conciencia de muchos marbellíes. Por contra, no debemos dejarnos llevar a engaños: la corrupción urbanística es la más obscena de todas las corrupciones y todo el mundo en Marbella la conocía, como se conoce en otras partes de España. Siempre es difícil saber si un político ha cobrado o no por adjudicar una contratación pública (a ver cómo demuestra Diego que lo de El Borjar es cierto y no sólo para sumarse al nuevo tren de la anticorrupción). Pero lo que sí está claro es que si, de repente, se levanta un edificio de diez plantas en frente de la costa o se edifica en suelo verde, muy ciego habría que estar para no darse cuenta de ello.

De la misma forma, y por volver a nuestra región, a pocos se les escapa dónde hay edificios construidos al margen de la ley. Cantabria, para desgracia de la belleza de esta tierra, conoce de desaguisados en el terreno del urbanismo que todos saben, los de siempre han denunciado y el conjunto ha hecho mutis en un guiño a la corrupción colectiva. A modo de ejemplo, les invito a hacer este ejercicio de observación. Paseen por las calles de su municipio y fíjense en el trazado de las carreteras. Observarán entonces con asombro renacido que apenas hay rectas y que las calzadas en Cantabria tienen la fea costumbre de hacer rodeos para evitar la finca del paisano (el afín, claro, pues las rectas ya se hacían a costa del paisano de la oposición).

Si la corrupción es usar los medios públicos para fines privados, ésta campa por nuestras calles con curvas inexplicables de más de 60 grados y con edificios de varias alturas al borde del mar. Ante ella, la complicidad de quienes gracias a su acción pueden beneficiarse si quiera con un empleo y el silencio de unos ciudadanos a los que poco nos importa lo público, siempre que nos sigan cayendo las migas del pastel.

Cuando en la región hay hechos tan serios como depuradoras construidas en terrenos protegidos (¿tanto costaba verificarlo?) y casas tiradas por sentencia judicial, suena a bagatela que al PP le interese hablar de los amigos del presidente. En los tribunales se verán demostrando que la estrategia del calamar tiene su límite. Entretanto, los demás seguiremos maravillados ante la magia de la prensa y con ese olor nauseabundo que se te cuela en el cuerpo hasta dejar de sentirlo cuando se vive con la corrupción en las narices.

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