. . Año IV

Voraces
Roberto RUISÁNCHEZ

Hace mucho que celebro el 25 de abril, de forma íntima, no se le puede contar a cualquiera. Varias veces este día me sorprendo entonando-desentonando, el Grandola Vila Morena y la imagen final del Novecento de Bertolucci ya me ha pasado decenas de veces por la cabeza. No puedo, tampoco quiero, evitarlo.

Se acaba este bonito mes. Se lleva con él un redondo aniversario de aquella gran experiencia ahogada en sangre, que denominamos II República. En España no es fiesta el 25. En Portugal y en Italia si. Aunque este año ha sido fiesta el 14, seguramente no lo será el próximo. Descontando alguna confusión- mear fuera del texto es una de las características humanas- la celebración ha situado, creo que por primera vez, en sus justos términos históricos la experiencia republicana. Si en la Casa Real sigue habiendo personal con sentido, el agradecimiento a Peces Barba no tardará en llegar. Otros lo han intentado pero no les ha quedado tan redondo.

Cierto, los valores republicanos los tenemos en la Constitución vigente. Lástima del pequeño detalle de la organización del Estado. Sin ser un radical partidario de la III, ahora que se revisan tantas cosas y se abren tantos melones institucionales, quizá no fuese tan atrevido acordar que allá por la segunda mitad del siglo, - con todos los adultos actuales jubilados o retirados definitivamente del planeta- cuando acabe el reinado de Felipe VI, la población refrende la forma de organización de nuestro Estado. El acuerdo debería llegar antes de que la princesa Leonor, o algún hermanito, tenga uso de razón. Así crecerían sabiendo que su puesto de trabajo no estaba asegurado.

Pero no sólo hay voracidad con la memoria histórica. La voracidad es actualidad. La presión contra la nueva ley educativa -bastante descafeinada y que pasaría el algodón de la neutralidad en cualquier estado de la Unión- no sólo ha sido ideológica. La presión económica no ha ido a la zaga. Con dinero de todos se ha comprado una parte sustancial de la oposición a la ley -la mayoría de la enseñanza concertada- y luego quedan los sectores más bunkerizados, con el nuevo cardenal de Toledo compitiendo con el Madrid, a la cabeza. Y los acólitos.

El día de la aprobación de la ley en el Congreso, el presidente de los padres católicos – sin bromear con (la) capa- Carbonell, fue muy tajante: Lo iban a arreglar “en las comunidades en las que no manda este gobierno” ¿A quién le hemos oído recientemente que gobernar no es mandar?

No sé de nadie en el PP que haya corregido al monaguillo, ¿quien calla, otorga. Es cierto que las comunidades autónomas tienen competencias plenas en Educación, pero no es menos cierto que “este gobierno” gobierna en toda España- Esa es una tesis muy querida para el PP, salvo, parece, cuando no le conviene- y una Ley Orgánica no es fácil de saltar por, pongamos por caso, la comunidad riojana, pero tampoco la madrileña.... Van a seguir su carrera “patriótica” de deslegitimar todo lo que esté a su alcance. La voracidad no es saciable. Es lo que tiene.

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