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Pesadilla
territorial
Roberto RUISÁNCHEZ
Escucho en la radio a un supuesto
catedrático de sociología repitiendo todos los tópicos
que algunos dicen que ocurren en Cataluña,
básicamente a los que no han ido por alli ni de visita.
Algunos hemos vivido allí y no entendemos, por no haber
visto nada parecido, como es posible acumular tanta mala suerte.
Y el discurso de “como
es España, hay que hablar en español”.
En épocas anteriores se dijo en la lengua del Imperio,
pero la Constitución en vigor garantiza en varias zonas
de España la igualdad en dos idiomas ... No quiero gastar
ni un segundo más en ese asunto.
Hace poco, en un discurso típico
de fanfarrones, de “la
mía es mucho más larga que la tuya”
... , el supercarismático dirigente de la oposición
dijo que él podría formar cincuenta, ni cinco ni
diez, cincuenta, gobiernos mejores que el actual. He tenido auténticas
pesadillas al territorializar la gilipollez. Ahora se territorializa
todo, fundamentalmente la inversión de un Estado que algunos
quieren poco y otros nada y no voy a decir quién es quién.
Teniendo en cuenta que cojamos
la variable que cojamos, Cantabria representa un poco más
del 1% del conjunto español - en población, en aportación
al PIB e incluso
en territorio propiamente dicho-, en uno de esos cincuenta gobiernos
de Rajoy, más de la mitad de los ministros
deberían ser cántabros. Y desde ese momento, al
escalofrío le ha sucedido el insomnio y quién sabe
si se me prepara una fiebre.
Desde que tengo uso de razón,
y hace algún tiempo de eso, creo que sobran dedos de una
mano para contar ministros cántabros, de la dictadura y
de la democracia, de centro, de derecha y de izquierda, y ahora,
súbitamente, Mariano dispone, pongamos, de diez ministrables
que habrá que buscar, sólo es un suponer, en las
filas del grupo parlamentario popular en el Hospital de San Rafael
o en alguna alcaldía de relumbrón u otro cargazo
institucional.
Imaginar a Ignacio Diego
de vicepresidente político, -su dominio de la aritmética
comparada a la hora de manejar los presupuestos del Estado de
los últimos diez años, le incapacita para el cargo
de vicepresidente económico- espero que les deje tan espantados
como a mi. Coordinar las políticas, sociales, de exteriores,
etc. del Gobierno de España, le caería al ex-alcalde
de Astillero como
una talla 66 si es que dicha talla existe.
El alcalde de Santander, dentro
de algún tiempo, podría ser ministro. Con su capacidad
técnica, le podría ir muy bien la cartera de Fomento.
Empezaría por explicar a los alcaldes afectados que sus
ayuntamientos iban a hacer las obras pertinentes y luego las cederían
al ministerio ( Es una traslación directa de su propuesta
de aparcamiento en Torres Quevedo) A partir de ahi, su seguridad
no la podría garantizar ni su compañera de gabinete
en Interior: Un bonito cargo para la señora Saenz
de Buruaga, que casi siempre comparece con un rictus
y tono de mal humor, digna de un ministro del Orden Público.
Después del rodaje recibido
en la Obra de Tantín,
y dado que por esa cartera sólo ha pasado gente de poca
talla intelectual, - recuerdo ahora mismo a Semprún
y Solé Tura- Quico Rodríguez
podría ser un gran ministro de Cultura y a nadie le puede
caber duda. Por la misma razón, ¿quién mejor
que el señor Cagigas para Educación?
En Vivienda los codazos podrían ser sonoros entre varios
alcaldes populares, en ejercicio -Noja ó San Vicente- retirados
-Comillas- o recientemente fichados para la causa, como el ex-alcalde
socialista de Castro. Entre los cuatro, la experiencia en vivienda
se cifra en muchos miles.
Confieso que me faltan nombres,
pero el esfuerzo me ha dejado agotado y cuando salgo del duermevela,
vuelvo a oir a Ánsar con aquel glorioso
acento tejano, de estar trabajando en elloooo y es que hasta la
Historia se acelera y ya se conocen actas de hace cuatro años
y medio de reuniones entre dos tontos muy tontos, que se preparaban
para entrar en la Historia por un Arco de Triunfo, pasándose
por su propio arco la legalidad internacional y poniendo en el
empeño cientos de miles de muertos.
Rajoy ya ha reconocido la “pequeña”
diferencia que existe entre hacer una intervención militar
con o sin paraguas de la ONU.
El reconocimiento es importante y mejor tarde que nunca. Ahora
sería deseable no marear el próximo veredicto del
juicio del 11 M y- para ser una verdadera alternativa- preparar
varias cartas de despido, de la A – de Acebes
y Aznar, a la Z- de Zaplana.
Más un corte o dos a la Conferencia
Episcopal y a su emisora de radio y Mariano puede
aparecer en marzo como recién planchado y listo para preparar
los fastos de Cádiz 2012, la Pepa con la Teófila.
Que así no sea.
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