. . Año VI

Historias de mayos
Roberto RUISÁNCHEZ

Cuando estas líneas vean la ciberluz ya será mayo. Escribo en la última tarde de abril y no he parado en todo el día de acordarme de la cuesta Moyano. Y el mérito no es de Don Claudio, ministro moderado que guiñaba con acierto a los progresistas sin perturbar a la Iglesia. Mérito que ciento cincuenta años más tarde nadie parece reunir. Como prueba, el mareo de leyes educativas que han tratado de suceder a la suya, que evidentemente ya no servía un siglo más tarde de haber sido promulgada. Un siglo!

Y el mérito no es de Don Claudio por la sencilla razón de que hace cuarenta años, en mi primer curso fuera de la casa paterna, yo no sabía quién era el prócer. Tampoco es mérito de las casetas de los libreros, que allí estaban. Lo que me viene a la memoria, un año tras otro desde aquél, es la tarde en la que debuté en los varios centenares de metros, lisos pero cuesta arriba, con la caballería gris a las espaldas.

Como me ocurriría más veces, años más tarde, en Barcelona, se trataba de llamar la atención en la víspera del 1º de mayo. El propio día festivo era más difícil. Los trabajadores, muchos ya con un 600, podían irse a la playa o al campo. O quedarse en casa para ver los mil espectáculos que ofrecía la televisión única, incluyendo la denominada demostración sindical del Bernabeu. Así que la muy clandestina oposición convocaba actos de protesta la víspera.

De todas formas, aquel mayo fue mucho mayo, para desesperación de todos los que, con edad suficiente para haberlo hecho, no lo disfrutaron y andan ladrando rencores por esquinas cuarenta años más tarde. Desde los últimos días de abril la agitación en Francia presagiaba algo singular, como se vió después. Y el cine que llegaba a clandestinos cineclubs desde el este de Europa, también anunciaba primaveras que se agostarían sin acabar el año. Desde el oeste, de la misma California, ya había llegado el eco de una enorme y difícil lucha contra la guerra de Vietnam.

Y más tarde, cuando ya me enteré de quién había sido Claudio Moyano, y decidí cambiar una profesión más rentable por otra que me gustaba más y que me ha tenido los últimos nueve trienios enseñando Historia y Geografía, ... ni en el peor de los sueños pude imaginar que iba a estar una víspera del 1º de mayo pensando si escribir o no lo que realmente me apetecía ¿Qué me apetece escribir?

Que resulta increíble que nuestro gobierno regional vaya a recortar precisamente la materia de Historia de España de 2º de bachillerato para abrir hueco a otras. Religión u otras. Es exactamente lo mismo. Si algo de esto ocurre en alguna de las regiones con sensibilidades delicadas, el escándalo está garantizado y es mayúsculo. Nosotros, parece, nos lo podemos permitir todo. No somos sospechosos. Como mucho, incoherentes. Ni hay derrotas dulces, ni el fuego amigo mata menos.

La coincidencia en el tiempo con recortes a la misma materia -en su caso a la Geografía e Historia de Francia para aprender bien la letra de la Marsellesa- del gobierno francés de Sarkozy; el hecho de que un pirata -disfrazado a veces de capitán de los tercios de Flandes-, de Cartagena, y no del Índico, sea comisario del bicentenario organizado por la niña Esperanza, de ¿Rajoy? ... y el hecho de que no sean pocos los compañeros que piensan que tengo una buena relación personal y profesional con los más altos cargos de la Consejería del ramo, y creo que están en lo cierto, me ha decidido a escribir lo que me apetecía. Esto no es un western, pero si yo fuera alguno de vosotros, no lo haría, forasteros. Hay varias soluciones posibles, todas menos llamativas.

Es el primer conflicto educativo en cinco años, el primero de este gobierno, pero el miércoles 7 de mayo, sin pensar que vayamos a ocupar ninguna Sorbonne, yo no voy a ir a trabajar. Y después, ya veremos.

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