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FALSOS SEMIDIOSES
Nos creíamos semidioses,
almas fuertes, piedras sin dueño;
mas he aquí que ahora salimos
a campo abierto; mas he aquí que ahora, de pronto,
abandonamos esos pueblos
donde nacimos, las ciudades
silenciosas que nos parieron,
sus calles largas, donde fuimos
acometidos por el viento.
Nos creíamos
semidioses
de los que danzan junto al fuego,
criaturas de la alegría,
bebedores del vino nuevo
del instante. Nos figurábamos
carne de estrella, duros pechos
del bronce duro de los héroes,
piedras sin dueño.
Mas he
aquí que la mañana
nos despierta de nuestro sueño
trayendo a cuestas nuevas luces,
otros senderos
que conquistar, montañas altas
(tan extrañas), árboles viejos
que aún vivirán cuando muramos,
que vivían cuando aún no éramos,
los matinales y metálicos
ríos de pálidos reflejos.
(Llegó el pasado a nuestro lado.
Ladra furioso, como un perro.)
¿A
qué salir al horizonte
si no podemos
despojarnos de nuestra historia
como de un traje roto y viejo?
Nos creíamos semidioses
(!todo era hermoso, como un sueño!),
criaturas de la alegría,
su centro estaba en nuestro centro.
Mas nos abruman las montañas,
nos curvamos bajo su peso
sin gracia lírica de juncos,
altos y secos...
...Y retornamos
a las calles
que se disparan contra el puerto,
a nuestros cielos empañados,
a los jardines polvorientos,
a continuar, ya para siempre,
desterrados de nuestro reino...
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