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Lunes 14 de Abril de 2003
Un Poéma

Regino MATEO

 

Pepe Hierro en el 14 de abril

14 de abril, conmemoración de la proclamación de la II República Española, apertura de las ventanas al viento de la libertad y del sueño... Muchos son los que crecieron de la mano de otro espíritu y de otros horizontes, muchos los que vieron niñez y juventud truncadas por la Guerra Civil y sus secuelas, muchos los que hicieron añicos de cristal sus esperanzas y se limitaron a sobrevivir en una España gris y triste en la que la palabra libertad era ya menos que un eco.

Iniciar esta ciberserie de poemas en Cantabria y en una fecha tan significativa nos obliga a comenzarla con PEPE HIERRO. Un cariñoso recuerdo a su memoria con el poema FALSOS SEMIDIOSES, de su primer libro, "Tierra sin nosotros", un libro en el que el poeta, nuestro poeta, con la técnica de lo que el llamara el "reportaje" para oponerlo a su otra técnica de escritura, la "alucinación", nos araña el alma recordando esa sed de vida de quienes se creyeron poco menos que eternos y divinos, semidioses violentos y alegres que cayeron, como Ícaro, al abrasar sus alas la ceniza negra de la muerte y la intolerancia. La generación de los sueños rotos, la de los poetas que no se resignaron y trataron de recomponer con palabras la España herida y afrentada. Y de entre ellos, iluminado, certero, libre, vital, soñador, hombre desnudo, José Hierro, Alegría.

 


FALSOS SEMIDIOSES
Nos creíamos semidioses,
almas fuertes, piedras sin dueño;
mas he aquí que ahora salimos
a campo abierto; mas he aquí que ahora, de pronto,
abandonamos esos pueblos
donde nacimos, las ciudades
silenciosas que nos parieron,
sus calles largas, donde fuimos
acometidos por el viento.

Nos creíamos semidioses
de los que danzan junto al fuego,
criaturas de la alegría,
bebedores del vino nuevo
del instante. Nos figurábamos
carne de estrella, duros pechos
del bronce duro de los héroes,
piedras sin dueño.

Mas he aquí que la mañana
nos despierta de nuestro sueño
trayendo a cuestas nuevas luces,
otros senderos
que conquistar, montañas altas
(tan extrañas), árboles viejos
que aún vivirán cuando muramos,
que vivían cuando aún no éramos,
los matinales y metálicos
ríos de pálidos reflejos.
(Llegó el pasado a nuestro lado.
Ladra furioso, como un perro.)

¿A qué salir al horizonte
si no podemos
despojarnos de nuestra historia
como de un traje roto y viejo?
Nos creíamos semidioses
(!todo era hermoso, como un sueño!),
criaturas de la alegría,
su centro estaba en nuestro centro.
Mas nos abruman las montañas,
nos curvamos bajo su peso
sin gracia lírica de juncos,
altos y secos...

...Y retornamos a las calles
que se disparan contra el puerto,
a nuestros cielos empañados,
a los jardines polvorientos,
a continuar, ya para siempre,
desterrados de nuestro reino...

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