Regino MATEO
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Máximo
Hernández
Zamorano nacido,
por azares del destino y de los protectorados, en Larache en 1953,
Máximo Hernández es un
poeta de técnica impecable, ese gusto por el control y la
emoción a partes iguales que caracteriza a tantas voces líricas
castellanas. Pero sobre todo es un poeta meditativo, de tintes ascéticos,
de una hondura estremecedora que te deja la piel en barbecho y el
corazón alerta cuando enuncia versos memorables como "viva
la cal, ha borrado mi muerte".
Cuenta en
su haber con varios premios y varios poemarios publicados, de entre
los que os recomendaría el fantástico Matriz
de la ceniza, publicado por la Colección Literaria
de la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes y
del que he recogido el poema que aquí se ofrece.
Los poemas
de Máximo Hernández suelen
girar en torno a las preocupaciones existenciales clásicas:
el decurso del tiempo, la inevitable muerte, la reflexión
sobre los paisajes del alma y sus fantasmas carnales y espirituales,
religiosos y terrenales. Como decía, en general sobre una
base de endecasílabos construidos con eficacia y sabiduría
y una selección de palabras oscuras, afiladas, exactas que
te revuelven en lo más hondo y te laceran la consciencia.
El poema elegido,
¡Lázaro, sal fuera!, se
muestra como un ejemplo perfecto de lo antedicho, y por su "disculpa"
temática, es un magnífico poema para el inicio del
tiempo pascual. Lázaro, resucitado por la pena de Cristo
se queja de un mal amigo que ni siquiera le ha dado libertad para
el descanso de la muerte. Disculpa que abre a Hernández
el camino de la reflexión sobre vida/muerte, salvación/condena,
espiritualidad/carnalidad, libertad/determinación. Y nos
proclama al Lázaro hombre nuevo, capaz de rebelarse ante
los designios divinos incluso para elegir la muerte.
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